lunes, 16 de abril de 2012

Volantes son estos textos, pero no vinieron acá como pasajeros...


Cristiane Grando





















Papeles volantes 
¿Jesús no bebe cerveza?

Cuentos  y crónicas de Cristiane Grando. Papeles volantes hace referencia a Papéis avulsos como un homenaje a Machado de Assis      (Río de Janeiro, 1839-1908), considerado como el mayor nombre de la literatura brasileña, autor de Dom Casmurro y Memórias Póstumas de Brás Cubas, entre otros. 

«Volantes son estos textos, pero no vinieron acá como pasajeros, que logran entrar en la misma posada. Son personas de una sola familia, que la obligación del padre hizo sentar a la misma mesa». Papéis avulsos Machado de Assis

Cristiane Grando

Me detuve, inmóvil como una pálida estatua, por casi un segundo, al ver que encontraba sin querer exactamente lo que buscaba. Era el 28 de octubre del 2011, las siete en punto de la noche y yo salía de un salón donde fui a arreglar mi pelo para inaugurar, a las ocho, en el Centro Cultural Brasil-República Dominicana, la pieza teatral «El visitante», de la escritora brasileña Hilda Hilst, bajo la dirección del cubano Orestes Amador, quien logró crear una hermosa sinfonía de voces y gestualidad corporal de cuatro actores jóvenes dominicanos: Indiana Brito, Wilson Ureña, Cindy Galán e Iván Aybar.

La pieza sería presentada en la entrada y la parte central de la casa que perteneció al poeta, abogado y diplomático dominicano Enrique Henríquez, donde hoy funciona el centro cultural. Para disfrutarla, el público pasaría la mayor parte del tiempo apoyado en la bella escalera de caoba que domina en vertical todo el centro del edificio. Pocas eran las sillas que cabían en el primer piso, además de una gran mesa blanca y cuatro banquetas: el escenario de la pieza presentada como «teatro sin tarima», casa de los personajes Ana, María y su marido. A fin de contribuir con la comodidad del público, el director me solicitó cuatro banquetas de bar. A última hora, ¿dónde iría yo a conseguir las banquetas? Caminando por Gazcue en la tarde se me ocurre pedirlas prestadas al amigo, chef y propietario del Restaurante Louis Philippe, quién me autoriza a buscarlas a las siete de la noche.

Volvamos al salón, en la Avenida Pasteur, de donde salgo pensando cómo voy a transportar las banquetas. A pie, cuatro personas podrían muy bien caminar dos cuadras y media. Pero lo ideal sería encontrar una camioneta. El clic que me transforma en una perfecta estatua se da en mí cuando, al salir del salón, veo a dos autos parqueados frente a un colmado: una jeepeta, de lujo, con un gran baúl; y una camioneta. Sin saber, el clic era un mensaje de Dios, quien me había enviado a su propio hijo para salvarme. Me explico: entro en el colmado y pregunto si el vendedor conoce a los dueños de estos vehículos. Él me dice que sí, que uno de ellos estaba jugando dominó en la acera. Al llamarlo, entra un señor con una carota bien seria. Yo, intentando ser simpática, sonrío: no sé si usted trabaja con transporte… necesito urgente llevar cuatro banquetas del restaurante hasta el centro cultural… son menos de tres cuadras… El señor me dice que no, no trabaja con transporte. Peeeeeeero, que si uno de los muchachos del dominó, que es chofer, se encargara de transportarlas, le prestaría la llave de la camioneta. Me presentan a Jesús (ahí entra el hijo de Dios en la historia, quien me ha verdaderamente salvado, junto al propio Dios encarnado en el dueño de la camioneta). Sin saber su nombre, ni que hablaba con un hijo de Dios, le explico la situación. Él dice que sí, me ayudaría, y nos vamos los dos transportando las banquetas. En el camino, nos presentamos mejor, por nuestros nombres.

Llegamos al parqueo del CCB. Orestes Amador, eléctrico como siempre, empieza a bajar las banquetas de la camioneta antes de que yo me desmontara. En aquél momento, yo estaba ofreciendo una propina a Jesús, «para que tomara un par de cervezas», pero él, haciendo gala de la legendaria simpatía y desprendimiento del dominicano, rechazó: «no, no es necesario». Bueeeeeeeno, le digo en buen dominicano, yo le invito a usted y sus amigos, o novia si tiene, que pasen por acá para ver la pieza o para brindar más tarde una cervecita Brahma, que nuestro patrocinador Ambev Dominicana nos ofreció para celebrar estas noches de teatro.

Jesús nunca fue a ver la pieza, tampoco a tomarse la cerveza. Me pregunto: ¿Jesús no bebe cerveza?


La pieza de teatro «El visitante» de Hilda Hilst, luego del estreno en el CCB-RD, fue seleccionada por el jurado del Festival de Teatro de Santo Domingo 2012 y será puesta en escena en el Palacio de Bellas Artes en junio del presente año.
http://cristianegrando.blogspot.com