lunes, 11 de junio de 2012

Lo insólito y lo cotidiano bailan al compás de un mismo ritmo


Marianela Medrano

















Una Tesis de Vida en
Un Hombre en Ruicala 
de Pedro Camilo 

Marianela Medrano

Un Hombre en Ruicala, libro de cuentos de Pedro Camilo, publicado el pasado marzo por Editorial Génesis en Nueva York, está conformado por media docena de excelentes cuentos, concatenados con una coherencia única que garantiza una lectura ininterrumpida. El libro se divide en dos partes, cada una compuesta por tres cuentos que examinan temas fundamentales de la experiencia humana.

En la primera parte, el tema de relieve es el cambio o la transformación y su impacto en las crisis existenciales. Cambios que llevan a los protagonistas a movimientos radicales, desde la lisonja amorosa (“Una Cena con Dustin Hoffman”); la mera descomposición social, entremezclada con la experiencia de crisis de los de edad avanzada (La Consagración del Payaso) hasta el suicidio y la decrepitud del cuerpo físico (La Agonía del Suicida).

En la segunda parte, Camilo nos lleva a un mundo donde la filosofía se entrecruza con el misticismo y la carnalidad de personajes que de tanto asemejársenos nos sitúan en la trama. Los personajes hablan y al hacerlo nos develan el cosmos humano en el lenguaje del esperanto o universal ( “Un hombre en Ruicala” y Una Tumba en la Colina”). El aproximamiento, la óptica trans-disciplinaria, esto es filosófica, científica, espiritual, y claro, divinamente creadora de Camilo, hace que esta colección de cuentos merezca un puesto aparte en la literatura dominicana.

El éxito de una obra creadora tiene mucho que ver con el modo en como quien la escribe logra enlazar la presencia de lo utópico y lo real en las circunstancias narradas. Cuando la utopía y la realidad se fusionan para formar la quinta esencia que engruesa lo contado, la obra se convierte en una pieza capaz de retener y seducir a la audiencia. Camilo maneja la alquimia con buen pulso haciendo de Un Hombre en Ruicala una lectura amena y desafiante.

Ruicala es el pueblo donde lo real y lo maravilloso danzan una danza sinérgica. La filosofía se inserta en la realidad y dureza del diario vivir. Lo espiritual es exaltado a través de una mirada a lo trivial. Lo insólito y lo cotidiano bailan al compás de un mismo ritmo. Camilo, médico de profesión, filósofo y místico por práctica y por vocación, escribe desde lo que conoce, que es mucho, y nos enriquece, que es a final de cuentas la responsabilidad de quien escribe.

El humor penetra las páginas de manera sutil pero efectiva. El autor no habla de sus personajes ni intenta describirlos sino que los pone en la página y les da voz, vida. En este sentido, Piolín, la simpática caricatura creada por Bob Clampett para los dibujos animados de Looney Tunes, ahonda en la profundidad de las relaciones humanas al sostener un diálogo aristotélico con un profesor amante de la filosofía. Durante el diálogo, Piolín, nos arranca carcajadas y gestos afirmativos a la par. La sapiencia de Camilo permite que pueda retratar esos momentos en que Piolín se convierte en sabio. Al final descubrimos que Camilo busca una verdad que no reside en la filosofía, ni siquiera en la espiritualidad, sino en la idiosincrasia de los personajes (muy probablemente la suya), sin dejarnos caer en la abulia o la apatía.

Camilo utiliza recursos literarios que dan vida a su narrativa. Desde imágenes que despiertan nuestros sentidos, mostrando con claridad paisajes geográficos e internos: “Ahora el médico sonríe; acaba de darse cuenta que la penumbra se diluyó: la luna llena está saliendo y ante él se abre un abanico de posibilidades” (pág. 70); la personificación de Piolín: “Desde la portada el Piolín pestañeaba y sonreía tiernamente” (pág. 75). Así mismo el cuentista maneja desde estrategias para facilitar un diálogo sobre temas transcendentales, hasta imágenes sensoriales y anímicas que utiliza en “Una Tumba en la Colina”: “El doctor Pietro Salmoni, médico de Ruicala, en los últimos días y luego de terminar su trabajo, recorre mientras medita el trayecto que une al hospital con el cementerio” (pág. 57).

El artista en Camilo sale a relucir cuando torna la filosofía en materia prima y convierte su praxis en la esencia y corteza de los cuentos, de paso tomándose licencia para crear sus propios verbos para mover la prosa a su antojo: “Fíjate: Represento al hombre que amorodia rezando todas las noches, antes de acostarse, el primer enunciado de la Ética del hulmor que salva: ‘Amorodio a fulano de tal, porque es el otro que beneficia mi proyecto de existencia. Más aun ese fulano de tal también me amorodia, porque yo soy su prójimo y en ese sentido favorezco su propósito de ser (pág. 75).

Con absoluta soltura, Camilo, torna lo subjetivo en la vida de los personajes en elemento objetivo, combatir la abulia. Al tratar de apaciguar la crisis existencial de un profesor soñador y pueblerino, Camilo, desata una serie de reflexiones filosóficas y hasta espirituales.
En algunos de los cuentos el espíritu creativo de Pedro Camilo se interna en las liviandades de los días, en la ordinariez de una vida en descenso y resalta personajes que se levantan de la inmediatez, como es el caso del médico enfermo de cáncer. Correlativamente con esa sed de explorar la complejidad del mundo interior, Camilo también nos despliega escenarios de una Ruicala que enamora y que nos incita a mudarnos a ese mundo fantasioso que ha construido. Ahora bien, la Ruicala de la imaginación de Camilo se entrecruza con una realidad histórico-contemporánea que nos hace meditar acerca del andamiaje social en el que nos hemos montado. Aunque Camilo no parece preocuparse tanto por la veracidad de sus personajes como por la sensibilidad de los mismos, lo simple y lo complejo son cóncavo y convexo en el desarrollo de estos. Su astucia estética parece estar protegida por un conocimiento vasto y divorciado de falsa intelectualidad, para hacer que los personajes se vuelvan tan reales como el vendedor de frutas de la esquina.

Los personajes de Camilo, compendian en síntesis una filosofía y una subjetivad que emanan de una mente acostumbrada a las deliberaciones, lo que no puede sino ser el resultado de una mente que alberga conocimientos de altos vuelos y una elaboración artística que se sale de lo ordinario. La aspiración mayor del autor es alcanzar la grandeza humana, que como ya lo estableciera Carpentier, reside en “El Reino de este Mundo”. En el caso de Camilo esa grandeza se verifica en el transcurrir de las vidas ordinarias de los habitantes de Ruicala. Quienes no han leído esta última entrega de Pedro Camilo están privándose de una aventura sin igual.

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