Parecía estar poseído por una fuerza desconocida. Entonces se levantó del escritorio y...


Fernando Ureña Rib







Relato breve


















Mundos paralelos


Fernando Ureña Rib 

 Mi psiquiatra estaba loco, señor. Comenzó la sesión diciéndome que hay mundos paralelos y que creía esa es la causa de mi bipolaridad. «Hay lugares y tiempos semejantes, paralelos, en polos opuestos de la existencia», me dijo absolutamente convencido, «y alguien exactamente como usted, con sus mismas características síquicas existe en algún lugar desconocido, quizás en las Antípodas. Como hay tantas similitudes entre esas mentes, ellas se atraen, se comunican y a veces se rechazan. Son campos magnéticos».

Yo estaba muy lúcido, reclinado en su chaiselongue, cuando él me hablaba esas cosas, pero debido a un extraño brillo en sus ojos, empecé a mirarlo con sospecha. «No se trata de parecido físico», su otro yo o alter-ego puede tener otra edad, ser un niño o una mujer, no importa. Durante los períodos de sueño profundo, de meditación o ensoñación, esas mentes se comunican entre sí y sin que pueda evitarlo, adopta usted de pronto la personalidad lejana y a él (o a ella) le ocurre otro tanto».

Es absurdo, le dije. Usted no tiene manera alguna de probar semejante tontería. Él se encolerizó y comenzó a teorizar exaltado, alzando el volumen de su voz y agriando su tono. Decía que los demonios no existen pero que hay mentes malignas que a veces nos poseen. Eso es totalmente falso, le repliqué. Entonces empezó a gritar: «¡El estúpido es usted! ¿No sabe que todos somos potencialmente bipolares y que por eso tenemos dos hemisferios cerebrales? ¿No ve cómo uno puede pasar de estadios de depresión profunda a otros de frenesí o de delirio?» El doctor sacudía los hombros, levantaba los brazos, me señalaba con el dedo y movía fuertemente el butacón, levantándose y sentándose, mientras hablaba.

Parecía estar poseído por una fuerza desconocida. Entonces se levantó del escritorio y con el abrecartas en la mano amenazaba mi garganta. Yo no lo pude aguantar, señor. Entonces me levanté de un salto y con su mismo abrecartas corté sin querer su yugular. He caído en estadios de depresión profunda después de eso. Y estoy empezando a creer que sin duda existen mundos paralelos y que no fui yo quien le mató, señor juez. Que fue mi otro yo.

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