jueves, 3 de junio de 2010

No a la huelga,
No a la amenaza

La huelga de los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional revela la aplicación de una política equivocada, errática y negativa de parte del Ministerio de Cultura acerca de una institución que requiere tributo del Estado Dominicano, en el sentido del sentimiento de admiración y respeto que merece el artista clásico de nuestro país.

Cualquier persona reconocida como artista es un par de José Rafael Lantigua, si es que Lantigua se considera artista. La diferencia entre él y el músico más modesto y humilde es que Lantigua es un empleado público al servicio de ese músico modesto y humilde. Es un abuso incalificable que el empleado que tiene la misión de preservar los intereses de ese músico le sustraiga cada mes una parte de su salario por supuestas restricciones presupuestarias, y que se comprometa a pagar lo retenido en una fecha que el dueño de ese dinero desconoce.

Históricamente los músicos, a todos los niveles, son desconsiderados y menospreciados por las «autoridades» de turno, como si ellos, los músicos, tuvieran que ser infravalorados con relación a los demás artistas de su categoría. En particular los miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional pueden contar una historia de atropellos de diferentes gobiernos durante su existencia.

La Orquesta Sinfónica Nacional estuvo tratada con mayor dignidad cuando su fuero estuvo privilegiado por la Fundación Sinfonía, lo que fue arrebatado por la Secretaría de Estado de Cultura, en su afán de apetencia descontrolada. Desde que la administración de la Sinfónica volvió al criterio de la burocracia estatal la crisis ha sido permanente.

Los amantes de la música culta saben que la asistencia de público al Teatro Nacional y a otros recintos donde ejecuta la Orquesta se ha ido al suelo. Cuando la Fundación Sinfonía, presidida por Margarita Copello de Rodríguez, manejó los asuntos de la Sinfónica, la venta de boletería fue privilegiada en el sector privado, lo que devolvió recursos económicos para mejorar la condición económica de los artistas.

El Ministerio de Cultura debe retrotraer la situación privilegiada que significó la aplicación del decreto número 35-93 del 29 de enero de 1993, que le otorgó a la Fundación el manejo de la Orquesta Sinfónica Nacional, lo que fue modificado con la creación de la Secretaría de Estado de Cultura.

Si actúa así, devolviendo a la Fundación el manejo pulcro que significó su labor administrativa, el Ministro de Cultura se quitará de encima un problema tan engorroso como innecesario.

Mientras tanto, hay que detener inmediatamente la huelga de los miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional, y eso lo puede hacer José Rafael Lantigua ordenando el pago inmediato de los salarios que corresponden en justicia a los músicos. Debemos quitarnos esta vergüenza de encima, que no se tenga que repetir que hay una huelga de artistas consagrados. Que no haya amenaza por supuesta violación de leyes. Que no haya amenaza de suspensión de actividades programadas, como el Concierto de Ganadores del Concurso Internacional de Piano Van Cliburn, pautado para el próximo día 10 de este mes de junio y con el que están comprometidas prestigiosas personalidades e instituciones nacionales e internacionales. No a la amenaza. (Clomo)