martes, 7 de agosto de 2012

Pensar en flores, en la flor de la cultura, parecería una utopía





Ángel Mejía:
El ámbito cultural está lleno de mala leche

El texto que reproducimos aquí ha sido divulgado por su autor, el gran artista y animador cultural dominicano Ángel Mejía. Como los editores de la Agenda Cultural hemos sido y seguimos siendo víctima de funcionarios del gobierno al más alto nivel, que no aceptan nuestras posiciones críticas ni la disidencia, a nosotros nos acomoda muy bien el artículo. Más temprano que tarde vamos a mencionar por sus nombres, en el sector privado y en el gobierno, a los que se han constituido en nuestros enemigos gratuitos e implacables. No les tenemos miedo. No les tenemos miedo porque, si el Diablo te ha perseguido constantemente, acosado y quitado tu alimento y tu paz, lo que tenemos que hacer es denunciar al Diablo, sin importar en qué banco privado esté refugiado el Diablo ni qué posisición tenga o haya tenido en el gobierno. Aunque nos lleve el Diablo.

Cuánta mala leche existe en el medio cultural de nuestro país. Es difícil sembrar cultura, muy difícil, porque por cada mata que siembras aparecen diez vagos cargados de mala leche, deseando que la mata se seque y no dé frutos, en el mejor caso, o echándole mal de ojo para que muera.

Dedicarse a sembrar teatro, poesía, música, literatura y progreso cultural en la República Dominicana, es como intentar cruzar el Niágara en bicicleta o intentar navegar en un mar plagado de tiburones hambrientos.

Pensar en flores, en la flor de la cultura, parecería una utopía, porque nadie quiere ver flores, más bien espinas que te claven a ti mismo y te destrocen.

La mala leche hiede a estiércol y la respiras aunque no quieras porque te rodea. Te bordea y acorrala.

Las acciones culturales se vuelven tortuosas, porque mucha gente, desde dentro y desde fuera, apuesta a torpedearlas, ya sea por apatía, negligencia, falta de colaboración, desinterés, discriminación o simplemente envidia, mediocridad y MALA LECHE.

El esfuerzo para avanzar es infinito, las piedras en el camino son tantas que por momentos crees imposible poder continuar.

Pero qué coño importa, el que quiera, que se ahogue en su mala leche, hay que seguir adelante, sin mirar a los lados ni para atrás, como corredores que jamás podrán ser vencidos por la desesperanza ni la mezquindad ajena.

El pueblo simple, la gente olvidada, los niños sin futuro y los jóvenes que nunca tienen la oportunidad de desarrollarse en la cultura, necesitan de nuestro tesón y buen temple de sembradores y cultivadores de esperanza.