lunes, 10 de septiembre de 2012

El Diablo se movía inquieto de acá para allá...

Fernando Ureña Rib













Cambio de Timón
Cuento

Fernando Ureña Rib

La temperatura del infierno estaba en apenas 40 grados centígrados. El Diablo se movía inquieto de acá para allá en su despacho, con esporádicos escalofríos. No había guerras, ni guerrillas, ni Papas que elegir. Los imanes del Islam se habían tranquilizado y abandonaron la idea de apoderarse de Jerusalén. La crisis financiera terminó y persas, árabes y judíos estaban de plácemes y urdían grandes negocios entre Nueva York, Cairo, Teherán, Tel-Aviv y Shanghái.

-¡Esto es un infierno!- gritó el Diablo desesperado- ¡Ahora las drogas son legales, no hay fabricación ni tráfico de armas!

¡Tampoco se trafica con niños, órganos ni personas y la trata de blancas es historia antigua!  Los chinos colonizaron el África y los Tutsis y los Banyamulengues hablan mandarín, comen como hermanos sus sopas de wantón y usan palillos para comer tallarines en salsa de ostras y sus dim sum.

Estaba el Diablo histérico y  angustiado con esos pensamientos horrorosos, cuando tocó a la puerta una delegación china (precisamente) de banqueros malabaristas y negociantes mafiosos. Caminaban doblados, porque llevaban los maletines repletos de oro y dinero efectivo.

- Ah no, ¡pero ustedes! ¿A qué han venido? ¿No querrán comprarme el Infierno?
- No, no, Señor Diablo, esto está muy deteriorado. Hemos pensado en una mejor inversión, del tipo que usted acostumbraba a negociar cuando la gente andaba desesperada y en crisis.
- ¿Qué es lo que quieren? ¿Los certificados de depósito de los que me hipotecaban sus almas?  Olvídenlo. Todo eso lo tengo bajo llave, en Suiza.
- Usted no comprende, Señor Diablo. Los bancos suizos son ahora nuestros.  ¡Por eso hemos venido a comprarle su propia alma! Nosotros negociaremos con los interesados. Firme aquí. Nosotros estamos al timón.