martes, 15 de enero de 2013

En la eternidad no existen detergentes

Pedro Antonio Valdez
















De la escritura, la vida y el deporte. 
Entrevista con el escritor dominicano 
Pedro Antonio Valdez por Ana María Fuster Lavín

“Mi objetivo como escritor es escribir. Tratar de captar espacios y registros humanos que puedan decirle algo a quienes lean mis páginas.” Pedro Antonio Valdez.

Objetivo logrado, pues se trata de uno de los escritores más importantes de la literatura dominicana, en todos los géneros literarios cargados de una madurez estética, originalidad y un fino humor crítico.  Esta visión analítica del narrador y poeta nacido en La Vega, República Dominicana, la podemos confirmar quienes –además de sus obras literarias- seguimos sus comentarios en el Facebook, Twitter, columnas en los periódicos dominicanos, siempre incisivo sobre temas culturales, políticos, sociales y hasta deportivos.  Es un fiel fanático de las Águilas Cibaeñas (equipo de béisbol profesional de la República Dominicana con sede en Santiago de los Caballeros).

A Pedro Antonio lo conocí en la República Dominicana en hace muchos años, luego nos hemos reencontrado entre las dos islas, además de ser ambos autores de Isla Negra Editores, además de ser su editora en Puerto Rico para la antología de literatura infantil Dienteleche, que edita y dirige para Ferilibros, además de ser el Director Ejecutivo de la exitosa Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. En resumen se trata de un autor inteligente, buen conversador, con un sentido del humor genial, solidario amigo y comprometido con la sociedad y cultura dominicana y caribeña.

Pedro Antonio Valdez nació en República Dominicana el 25 de julio de 1968. Ha publicado varios libros, entre ellos: Papeles de Astarot (1992), con el que obtuvo el Premio Nacional de Cuento; Bachata del ángel caído (Isla Negra, 1999), merecedor del Premio Nacional de Novela; Naturaleza muerta (2000), galardonado con el Premio de Literatura UCE, y Narraciones apócrifas (Isla Negra, 2005), con el que recibió el Premio Pen Club en Puerto Rico. Su novela Carnaval de Sodoma (Alfaguara, 2002) recibió el Premio Nacional de Novela y fue llevada al cine por el director Arturo Ripstein. En 2006 impartió un taller sobre el lenguaje del reguetón en la Universidad de California, recinto de Berkeley. Colaborador de proyectos que involucran el reguetón y el rap dominicano, ha publicado varios artículos e investigaciones sobre la cultura hip hop. En 2010 publicó la novela Palomos (Alfaguara). Recientemente obtuvo el Premio Nacional de Novela por su obra La salamandra y publicada este año.



“La verdadera historia de Caperucita y el Lobo

Juran los ancianos de la aldea –a quienes nunca se había consultado para escribir la historia-, que esa tarde el cazador no mató al Lobo, ya que al entrar a la cabaña quedose boquiabierto. Y que la Caperucita aceptó darle su mano a cambio de que dejara ir al Lobo y guardara silencio. Dicen que el Lobo se estableció en Nueva York, donde vendió sus derechos a la Disney y emprendió una carrera de político que hasta hoy le ha dado muchos frutos. Que Caperucita murió de parto y el cazador abandonó a la criatura en el hospital y encerróse en su cabaña del bosque. Y lamentan con discreción no haber tenido jamás el valor de contarle al Hombre Lobo la verdad sobre sus orígenes.” Pedro Antonio Valdez


Además, ha publicado teatro, como Reciclaje (Ed. Isla Negra, 2006) que tuve la oportunidad de reseñar para el Nuevo Día ese mismo año, comparto aquí algunos de mis comentarios:

“Somos reciclables, todos sin diferencia de género, raza, época de la historia en que se haya nacido, fe religiosa, edad… Todo es reciclable ante nuestros ojos y manos; la realidad se moldea y utiliza según las necesidades de cada cual, en esta sociedad como en cualquiera. Así “[u]n sombrero se convierte en mariposa. Una máscara es motivo suficiente para crear un príncipe. ¿Quién se atreve a negar que una mariposa sin máscara es un rey en su sombrero?” comenta del escritor dominicano Pedro Antonio Valdez. Esta es su propuesta: un teatro dónde todo tiene su causa y efecto,  puede ser y no ser, todo puede esculpirse según las necesidades del director como del espectador mismo. Sin embargo, no se trata de casualidades, sino de causalidades de este gran teatro que es la vida, así como la ficción nuestra de cada día.

“Aquí lo evidente y lo cotidiano juegan a sus contrarios con el lector-espectador, a modo de la ruleta rusa, entre lo que no es  pero puede ser hasta su propia fatalidad.  Estas son las propiedades benéficas de “Reciclaje”, el título que, bajo el sello editorial Isla Negra (2006), compila cinco textos dramáticos […].cargados de psicología freudiana, mitología, metaliteratura, realismo y hasta surrealismo, donde la ironía, el humor ácido y hasta la ambigüedad toman un papel determinante, entonces lo evidente ante los ojos del espectador ya no lo es.” AMF


Ana María Fuster: ¿Cuándo comenzaste a escribir?, ¿y tus primeras lecturas memorables?

Pedro Antonio Valdez: “A los once años, pero asumí en compromiso a los dieciocho. Entre los primeros libros que me marcaron están la Biblia, El coronel no tiene quien le escriba, los cuentos de Juan Bosch.”

AMF: Dicen que los escritores somos neuróticos en el momento de escribir, me sospecho que tú no eres la excepción, ¿tienes rituales o manías?
PAV: “Necesito silencio. No puede haber más ruido que el que yo mismo pueda producir.”

AMF: Trabajas narrativa, teatro y poesía, ¿cómo uniformas tu oficio de escritor?

PAV: “Para mí la escritura es un sistema, que puede establecerse en diversos formatos, eso que llaman géneros. Creo que todo lo que se escribe se hermana en sentimiento y reflexión. Según la clase de sentimiento y reflexión que nos mueva a la escritura, veremos el formato. Por encima de todo, todo es la escritura.”

AMF: ¿Cuáles son tus temas recurrentes en tu poesía?

PAV: “El entorno, lo que me pasa y pasa. El dolor, la muerte, el tiempo, el ser humano y sus circunstancias.”

AMF: En un salón repleto, y a la luz de dos pequeñas linternas, asistí a un recital tuyo a dos voces en la FIL-Rep. Dominicana (2012) que divertidamente titularon El bello y la Bestia.  ¿Cómo surgió ese concepto?

PAV: “Fue una lectura conjunta con la poeta Jenet Tineo, a quien admiro. Salió de una conversación días antes. La idea fue divertirnos con la poesía. Pienso que cuando la literatura no nos sirve para acercarnos más a las personas, sirve para poco. Por eso, los intercambios sinceros, más allá del simple cachondeo del artistaje, son muy bonitos. Creo que juntar dos versiones de la escritura diferentes, y que al fin son escritura, como la de Jenet y la mía permite armar un juego bien grande con las letras.”



“Facebook con cuchillos


Monitoreando los Seis Días
en que fue inventado el Mundo,
Veremos que Dios creó la luz,
los árboles de mansa sombra,
las bestias de cuatro patas,
las bestias deslizantes
y las de dos patas como el hombre.
Veremos que en todo lo que hizo,
la internet no se nombra.
No es raro entonces el silencio
sin Dios para Cristina,
la chica de Villa Duarte
que era perra y le hedía la lengua
según lo que Betty digitó
en la intemporalidad de Facebook.
No es extraño entonces que se
llevara de la fiesta
un ramo de puñaladas con las
que existirá ya para siempre,
con la blusa húmeda y roja
por los siglos de los siglos,
pues en la eternidad no existen detergentes.

¿Quién cambia un teclado
y un clic por un cuchillo?
¿Quién sustituye un avatar
por el difunto rostro de una dama?
¿Quién permuta una granja en City Ville
por el interminable y lento cementerio en que Cristina
no alcanza la verja hacia la calle?

Cristina quedó en la celda
de la que nunca se sale
y Betty ha caído en una cárcel
de la que sólo se escapa
hacia la celda de Cristina.

Dios no da respuesta aquí,
donde vida y muerte se esposaron
sobre la ruina de dos corazones blandos.
Dios es real.
Dios no sabe de virtualidades.
El Facebook se inventó
luego de los Seis Días.
El Facebook lo hizo el Diablo.”


Pedro Antonio Valdez



AMF: Háblanos de tu pasión por el beisbol y de esa relación humana entre la literatura y el deporte.

PAV: “Sospecho, al igual que tú, Ana María, que el deporte es más necesario que la poesía. Sin Borges, el mundo seguiría casi igual… pero sin el Boca, sin Águilas Cibaeñas, sin el FC Barcelona, sin los Yankees, el mundo fuera diferente, sin dudas con menores expectativas y muy aburrido. Podemos tener políticos escritores, abogados escritores, médicos escritores… pero rara vez hallaremos deportistas escritores, porque a lo mejor el deporte es la consumación total de la escritura.”

AMF: He asistido unas cinco veces a la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo catalogada como una de las más importantes de América. Cuéntanos sobre tu trabajo en ella, esa misión cultural y literaria. ¿Alguna anécdota curiosa?

PAV: “La Fil Santo Domingo es un festival cultural donde el libro es el gran protagonista. En ese sentido, es un evento único en América. Mi trabajo consiste en hacer de todo para que la maquinaria cultural se mantenga en movimiento. La considero un gran acto cultural de buena voluntad. Uno de mis objetivos principales es hacer que los escritores se sientan importantes. En el caso de los que vienen del extranjero, que se sientan útiles en el evento, porque en realidad son la savia de la Feria. Cada día la Fil me produce anécdotas. Una de ellas fue cuando, tras anunciar el veredicto de los premios juveniles, un señor, en compañía de una señora que parecía ser su esposa y de unos muchachos que parecían ser sus hijos, se me acercó para solicitarme que les devolviera los trabajos enviados por su hija al concurso. Le respondí que eso no estaba estipulado en las bases. El señor entonces me dijo que no tenían copia de ese material y que su hija, la escritora, había muerto.”

AMF: Tienes buenos amigos en Puerto Rico y una estrecha relación con el mundo literario puertorriqueño. ¿Cómo te sientes aquí en términos de escritor?

PAV: “Puerto Rico es mi segunda casa literaria. Es el sitio donde me siento realmente escritor. Creo que me sucede allá lo que a los reguetoneros boricuas le sucede aquí: siempre dicen que en Santo Domingo es que se sienten internacionales. Pues a mí me pasa igual con Puerto Rico. No sé si allá leen bien, pero el asunto es que siempre me hacen sentir que escribo bien, y eso me hace sentir muy especial. Sobre todo si tenemos en cuenta que entre muchos escritores boricuas hay unidad y solidaridad.”

AMF: ¿Cuál es tu visión de la literatura puertorriqueña?

PAV: “Puerto Rico cuenta con importantes escritores y escritoras. Llama la atención el hecho de que muchos escritores de hoy también ejerzan la vida académica sin que se les enfríe la inspiración. Eso no se da en todas partes. Aunque no abunda la crítica literaria en los medios (algo muy actual), estos creadores y a la vez académicos, que andan por todas partes, ayudan a disminuir esta ausencia. Algo muy importante es que la literatura boricua, sobre todo la de la isla, se ha aferrado a su raíz romance y no se ha dejado engatusar por los valores de la lengua inglesa.

AMF: ¿Cómo describes el lugar perfecto para escribir?
PAV: “Un sitio callado, sin gente que venga a joder y que tenga acceso directo a la comida.”

AMF: ¿Dónde te visualizas de aquí a veinte años?

PAV: “Me veo como gobernador de Puerto Rico. Con muchísimo dinero. Asignando a cada puertorriqueño un empleo a 36 dólares la hora y un libro. Y mandando los gringos al carajo, a su paisito de ocho dólares la hora. Desde allá construiría un puente sin peaje a Santo Domingo, donde la hora también será a 36 dólares y un libro. Y los boricuas y quisqueyanos iremos de aquí para allá libremente, confundidos, porque nos parecemos tanto mientras no abrimos la boca.”



Entre risas terminamos la entrevista, con la promesa de que tan pronto adquiera su nueva publicación, la novela La Salamandra, la comenzaré a leer en Piñones con una alcapurria, la medallita fría y la reseña para el PostAntillano va, claro que sí. Pronto nos volveremos a ver en Santo Domingo como en San Juan, para conocer o conspirar nuevos proyectos literarios y tertulias.



“La señal lejana del siete



El ángel se le apareció en el sueño y le entregó un libro cuya única escritura era un siete. En el desayuno miró servidas siete tazas de café. Haciendo un leve ejercicio de memoria reparó en que había nacido día siete, mes siete, hora siete. Abrió el periódico casualmente en la página siete y encontró la foto de un caballo con el número siete que competiría en la carrera siete. Era hoy su cumpleaños y todo daba siete. Entonces recordó la señal del ángel y se persignó con gratitud. Entró al banco a retirar todos sus ahorros. Empeñó sus pertenencias, hipotecó la casa y consiguió préstamo. Luego llegó al hipódromo y apostó todo el dinero al caballo del periódico, coincidencialmente en la ventanilla siete. Sentose —sin darse cuenta— en la butaca siete de la fila siete. Esperó. Cuando arrancó la carrera, la grada se puso de pie uniformemente y estalló en un desorden desproporcionado; pero él se mantuvo con serenidad. El caballo siete cogió la delantera entre el tamborileo de los cascos y la vorágine de polvo. La carrera finalizó precisamente a las siete y el caballo siete, de la carrera siete, llegó en el lugar número siete.” Pedro Antonio Valdez