martes, 15 de enero de 2013

“María Estuardo” de Donizetti

Joyce DiDonato















Jimmy Hungría

Próxima ópera es “María Estuardo”


La temporada 2012-2013 de The Met: Live in HD continúa con “María Estuardo”, de Donizetti, que podremos ver, transmitida en vivo y tiempo real, desde The Metropolitan Opera House de Nueva York, con imagen HD y sonido digital, en la pantalla del cine Acrópolis, este sábado, 19 de enero, a las 2:00 de la tarde, y repetida (grabada) en Fine Arts Novo Centro el miércoles 23 a las 7:00 de la noche, al precio de novecientos pesos (RD$900).

El elenco de dicha ópera es el siguiente: Joyce DiDonato (Maria Estuardo), Elza van den Heever (Isabel), Francesco Meli (Leicester), Joshua Hopkins (Cecil), Matthew Rose (Talbot). Dirige la orquesta Maurizio Benini. Es una producción de David McVicar, diseño de vestuario y escenografía de John MacFarlane, diseño de luces de Jennifer Tipton y coreografía de Leah Hausman.                          .

La sinopsis de “María Estuardo”, tal como está contenida en la página web de The Met, es la siguiente:


ACTO I

En el palacio de Whitehall de Londres, la corte está de celebración. El duque de Anjou, hermano del rey de Francia, ha pedido en matrimonio la mano de la reina Isabel, y la gloriosa alianza entre los dos reinos es esperada ansiosamente. Entra Isabel, quien todavía no ha decidido si aceptará la propuesta francesa. Durante mucho tiempo, su corazón pertenece a su favorito, Robert Dudley, el conde de Leicester, pero últimamente se ha dado cuenta de que ya no la ama con la misma intensidad. Talbot, conde de Shrewsbury y guardián de María Estuardo durante muchos años, aprovecha la oportunidad para pedir a la reina la liberación de su prima. Cecil, el secretario de estado de Isabel, afirma que mientras siga viva, María representa una amenaza constante a la estabilidad de Inglaterra. Isabel no quiere entrar en la discusión sobre su prima pero, interiormente, teme que la reina de Escocia le haya robado el amor de Leicester. Leicester había sido un pretendiente de María y quedó impresionado por la belleza de la joven reina cuando la conoció por primera vez, hace mucho tiempo en Francia. Llega Leicester e Isabel le da un anillo para que se lo entregue al embajador francés. Este gesto ambiguo se interpreta como su aceptación de la propuesta de Anjou. La indiferencia de Leicester alimenta las sospechas de Isabel, quien se aleja con su séquito. A solas con Leicester, Talbot le entrega secretamente una carta y un retrato miniatura de parte de María. Implicada en las tramas de los católicos ingleses contra Isabel, su vida corre peligro ahora. Turbado por el retrato, Leicester promete asistir y ayudar a Talbot en sus planes para liberar a María. Cuando Talbot se marcha, vuelve Isabel, sola. Ella sospecha de Talbot, y pide ver la carta que lleva Leicester en la mano. María ha escrito suplicándole a Isabel una audiencia. Isabel no puede evitar derramar unas lágrimas. Aprovechando la situación, Leicester presiona a la reina para que acceda a salir en un paseo a caballo hasta las proximidades de la prisión donde se encuentra María y organizar un encuentro entre las dos reinas. Recelosa, Isabel acepta la petición de su favorito.


De improviso, Talbot permite a María caminar libremente fuera de la prisión, por el parque del castillo de Fotheringhay. Ella se regocija corriendo libremente, adelantándose a su dama de compañía, Hannah Kennedy. Sus pensamientos evocan sus días de felicidad y libertad en Francia. De repente se escuchan en la distancia los cuernos de la cacería real. Los cazadores que se aproximan anuncian el nombre de Isabel. A María le aterroriza encontrarse con su prima por primera vez. Leicester se ha adelantado al grupo de la cacería para preparar a María para el encuentro. Le insta a que se muestre humilde ante Isabel y hacer así que se apiade de ella. Jurándole su amor y fidelidad, le asegura a María que quizá acabe siendo libre. Cuando llega con la cacería, se apresura a recibir a Isabel, que se muestra inquieta y recelosa. Las atenciones de Leicester hacia María avivan sus celos. Talbot se lleva a María con él y las dos reinas se miran a los ojos por primera vez. María domina su orgullo y muestra deferencia hacia Isabel, pero su prima permanece distante y ofensiva. Isabel acusa a María de libertinaje, asesinato y traición. Las tiernas palabras con las que Leicester intenta calmar a María solo sirven para azuzar la ira de Isabel. Incapaz de soportar ya más insultos, María se enfrenta a Isabel. La acusa de ser la hija ilegítima de una ramera, y de haber mancillado y deshonrado el trono de Inglaterra. Isabel ordena a los guardias que detengan a María y la lleven de vuelta a la prisión.

ACTO II

Ha pasado el tiempo y María ha permanecido encarcelada en Fotheringhay en condiciones incluso más estrictas. El matrimonio con Anjou es ahora un sueño desvanecido para Isabel. Cecil ha proporcionado pruebas que implican a María en una trama católica para asesinar a Isabel, y la reina guarda en su escritorio del palacio de Whitehall una sentencia de muerte contra María. Pero Isabel vive atormentada por la ansiedad y el miedo. Si lo firma, enviará a un monarca ungido a la horca y se enemistará con toda la Europa católica. Cecil le insta a ser fuerte: su propia vida podría estar en juego. Si es necesario, Inglaterra entera la aplaudirá y la defenderá. La indecisión de Isabel termina cuando entra Leicester. Entonces firma la sentencia de muerte con rapidez e indiferencia y se la entrega a Cecil. Horrorizado, Leicester le suplica que rescinda la orden y muestre compasión. Isabel le ordena asistir a la ejecución en calidad de testigo. Leicester le dice que envía a una hermana a la muerte y se marcha.

En su habitación de Fotheringhay, María clama con amargura contra su fortuna. De repente, Cecil y Talbot entran para comunicarle que morirá por la mañana. Cecil le ofrece los servicios de un ministro protestante en sus últimas horas. Enfadada, ella los rechaza y le ordena que se vaya, pero pide a Talbot que se quede. Él le dice que Leicester estará presente cuando muera e intenta reconfortarla. María está atormentada por los fantasmas de su pasado y desea confesarse ante Dios, algo que Cecil le ha negado al privarla de los servicios de un cura católico. Su corazón se aflige con los recuerdos sangrientos de su breve reinado en Escocia y las muertes de su favorito, David Rizzio, y de su esposo, Darnley. Dulcemente, Talbot la anima a confesarse con él. Ella acepta y comienza a liberar su conciencia. Al final, acaba confesando su consentimiento involuntario a la trama de Sir Anthony Babington, el católico inglés que planeaba asesinar a Isabel. María y Talbot rezan juntos por el perdón de Dios. Ella se prepara tranquilamente para su muerte.

A la mañana siguiente, los fieles sirvientes de María se reúnen y lloran en el exterior del gran salón de Fotheringhay, donde María será decapitada. Entra la reina. Pide que no derramen lágrimas por ella, ya que la muerte llega para liberarla. Le entrega a Hannah un pañuelo de seda para que le cubra los ojos cuando llegue el momento y les guía en una ferviente oración. Un disparo de cañón anuncia que se aproxima el momento de la ejecución. Llega Cecil con los guardias para conducir a María hasta el salón. Isabel ha informado de que sus últimos deseos serán respetados, y María pide que Hannah la acompañe al patíbulo. Le dice a Cecil que perdona a su prima y ruega que su sangre limpie todo recuerdo de odio entre ellas. De repente aparece Leicester, angustiado al oír los cañonazos que indican que ha llegado el momento. María lo tranquiliza. Está contenta de poder morir con él a su lado. Reza para que Inglaterra no tenga que sufrir la ira vengativa de Dios. María sube al patíbulo vestida de color rojo, símbolo del martirio católico.