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Nos están observando desde otra distancia
Te voy a explicar algo que está sucediendo, leedor. Porque están en nuestra lista de contacto de correo de la Agenda Cultural, porque les reenvían el asunto o porque se encuentran con la página y la colocan entre sus favoritas, muchos amigos que no son dominicanos otean. Así entra a nuestra página, que es nuestra casa, Carmen Amarilis Vega Olivencia, de Puerto Rico. Quiero entregarle todo, decirla amor, hacerla sentir bien. ¿Qué le brindo? Aquí tengo la palabra y mi espíritu. ¿Algo más? Sí, mi espacio. Toma mi espacio y viértete.
Carmen Amarilis Vega Olivencia es doctora en Química-Física y Analítica de la Universidad de Florida en Gainesville, y desde 1975 es catedrática de La Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. Miembro de la junta editorial de la Revista Cultura del Instituto de Cultura de Puerto Rico y de la Revista El Relicario. Colabora con la Revista Diálogo, de la Universidad de Puerto Rico. Además es miembro fundadora de una orquesta Sinfónica, en Mayagüez, y de otras organizaciones Altruistas.
Tiene en su haber numerosos trabajos publicados en investigación en ciencias, como también en el área de la literatura. La Editorial Escarcha Azul, de FUNDALEA (Mérida Venezuela) le ha editado un libro de cuentos para niño: Comarca de sol y luna, en 1996, y tres poemarios: Espectros en Caricaturas de mi alma (1995), Espejo místico (1996) y Ojos tatuados (1998); Además una Selección poética: Añoranzas en desconcierto y Espectro de Ojos Místicos (2004).
Maravillado, recibo su correo: Clodomiro, muchas gracias por la Agenda Cultural, ¡waoo, excelente!
Entonces, ¡loados sean todos los dioses!, da, entrega, lo siguiente: ¿No te ha pasado que aunque quieras taparte los oídos, sigues escuchando ese retumbar de tus amores frustrados?, te regalo este poema, porque a mí me sucede lo mismo:
Eco
Desde cuando eran los tiempos del amor
siento el eco retumbar en mi interior.
No es de cobre,
no es de bronce,
no es de oro,
solo es viento,
torbellino de esperanzas rotas,
zumbido de caricias
volcadas en el humo tibio del cuerpo.
Siento un eco, sí, un eco.
Repite triste mil palabras,
las que se dicen por misericordia,
para no dañar o herir,
para no fingir una frágil pasión sin huesos,
para no tomar un camino errado y mustio.
Me cubro la cabeza con las manos
Pero el eco del amor
se mete por las grietas de los dedos.
Sí, desde que eran los tiempos del alma
está el eco en mis entrañas,
ahí, donde solo yo puedo escuchar.
Carmen Amarilis Vega Olivencia

