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Cuento




















Carrera de relevo contra la noche


OLIVA TRENTON

Era la carrera de relevo más importante de sus vidas. Todo detalle debía estar cubierto. Ningún elemento dejado al azar, de eso dependía el éxito, que toda acción fuera ejecutada con precisión milimétrica, o el entrenamiento de toda una vida, sería tirado por la borda.

El primer corredor (Luís) arrancó como un bólido humano, cruzó la cuesta de la calle Delgado y llegó jadeante a la intersección de la calle Bolívar. El segundo corredor (Antonio) tomó el relevo y emprendió la carrera a la misma velocidad del que había llegado. Tomó el atajo de la calle Pasteur y literalmente volando bajito, arribó a la calle Independencia, donde aguardaba quien continuaría la carrera. El tercer hombre (Roberto) sabía de antemano que de él dependía gran parte del éxito. Corrió como nunca antes, no sentía el peso de sus extremidades, sabÍa que el futuro del grupo estaba en sus manos y en sus piernas y en que se completara oportunamente el relevo. El cuarto corredor (Amado) llegó en tiempo récord al último tramo de la carrera, el cual iba desde la Feria hasta la vieja carretera que va a San Cristóbal.

A pocos metros de la meta, el destino le dio la oportunidad de su vida. El viejo caudillo de fusta y bicornio, asomó la cabeza a la ventana del auto, sólo para oler el mar, y el corredor exhausto (Amado) con el último aliento que le quedaba, dio vuelta al tambor, haló del gatillo y le dio el tiro de gracia.
César Sánchez Beras

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