¿Es un cuento? ¿Es un relato? ...


EL BESO


















Ha sido comprobado. Aunque ya lo sospechaba desde hacía tiempo: Científicos de la Universidad Imperial de Tokio, confirmaron que las papilas gustativas no solo son receptoras, sino emisoras de diversas sensaciones del gusto. Por razones naturales vinculadas a la reproducción humana, esa capacidad emisora es más aguda durante la adolescencia. Esto me explica (soy un experto catador de vinos) por qué los jóvenes son capaces de permanecer besándose, intensa y minuciosamente, durante largas horas.

A principios de los años noventa fui a París para asistir a unas degustaciones rutinarias del Beaujolais Nouveauy me acerqué a conocer la pirámide de cristal de Ming Pei, frente al Museo del Louvre, recién inaugurada. Allí, al lado de la fuente, una pareja de adolescentes se besaba efusiva y prolongadamente. Volví al día siguiente y la pareja continuaba allí, perdida en los interminables y deliciosos laberintos del beso.

Si los científicos japoneses hubiesen estudiado a aquella pareja, habrían constatado que efectivamente, las papilas fungiformes emiten un sabor dulce, sumamente adictivo. Estos corpúsculos gustativos de cabeza abultada son coronados por filamentos puntiagudos, que en su base se conectan por medio de dendritas a los excitados hemisferios cerebrales.

Por supuesto, esto no significa que las personas de mayor edad no puedan o deban besarse con igual efusión. Simplemente, cuídese de elegir junto a su pareja un lugar romántico, al lado de una fuente, por ejemplo. El sonido del agua ha de estar presente (un manantial, el mar, el río, la bañera…).

Pero además, es preciso ejercer cautela a fin de no entorpecer ni alterar la función emisora de esos filamentos puntiagudos. Primero, es recomendable someter sus dientes (postizos, prótesis o caja de dientes) a una profilaxis exhaustiva. Exija una solución a base de flúor.

Ya eliminada la halitosis y justo antes del beso, sugiero a la pareja unas cuantas copas de Beaujolais nouveau. Este vino, adolescente y estimulante, transmite la misma dulce sensación y eufórica energía del beso que experimentara aquella pareja de jóvenes que aún hoy continuará besándose al borde de alguna rumorosa fuente de París.

FERNANDO UREÑA RIB

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