El hermano menor del Diablo se iba entristeciendo al oír tantos lamentos


Fernando Ureña Rib






Cuento














El sauce llorón y el Diablo y su hermano...


Fernando Ureña Rib

El Diablo y su hermano menor salieron un día a refrescarse y a darse un baño en un río que había cerca de la entrada del Infierno. Hacía muchísimo calor, porque los técnicos no habían logrado reparar unas complejas averías que había en las tuberías infernales de la calefacción. La lava ardiente estaba regada por todo el piso. Como las aguas del río fluían muy frescas, el Diablo le propuso a su hermano que se sentaran a airearse debajo de un gran sauce llorón que sombreaba la orilla. 

El hermanito, que era curioso, quiso saber por qué le llamaban llorones a aquellos árboles y el Diablo le dijo «¡Entorna los ojos!»  Él los entornó y comenzó a ver unas almas que rodeaban el tronco de aquel sauce. Todas plañían y se retorcían compungidas por dolores diversos y extraños. Entornó aún más los ojos y logró escuchar lo que decían aquellas almas oscuras y obviamente torturadas. 

Se quejaban de su destino y de lo poco felices que habían sido durante sus vidas, que a pesar de todo, añoraban. «Si no hubiera tomado aquella decisión o tal otra». «Si no hubiera vendido mi casa».  «No sé por qué no me casé con aquella mujer». O «No tuve el coraje necesario para tener mis hijos», «¡Ni siquiera pude arrepentirme nunca!» 

El hermano menor del Diablo se iba entristeciendo al oír tantos lamentos. Pero el Diablo lo sacudió por los hombros y le dijo: «¡No les tengas pena! ¡Ellos merecen todo lo que les está pasando!» Y agregó: «¡Mírale los pies!» Pero los pies no se les veían. Estaban atados y enquistados en las raíces del sauce y no lograban desprenderse. Entonces el Diablo se acercó, cogió su machete y liberó a algunas de aquellas almas cortándoles los pies. Gritaron desesperadas porque sabían que ya les había llegado la hora de entrar en el Infierno.



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