El caso de la fama de intelectual del presidente Fernández es un poco inexplicable, para no decir raro o misterioso


Orlando Inoa





















Envanecimiento de intelectuales

Orlando Inoa

En el otoño del año 1996 realicé una visita de un día a la ciudad de Washington con la expresa misión de conocer la Biblioteca del Congreso y el Archivo Nacional, y con el tiempo que me sobrara de ese sábado, si era posible, visitar el National Mall, ese parque que alberga un ramillete de museos patrocinados por el Smithsonian Institution y que de manera ejemplar conserva no solo un pedazo de la historia de los Estados Unidos, sino del mundo.

La suerte me acompañó ese día, pues cuando fui al Archivo Nacional tenían en exhibición la exposición “Regalos a presidentes norteamericanos” (Tokens and Treasures. Gifts to Twelve Presidents), una rara colección de los regalos más diversos que han recibido los últimos doce presidentes de los Estados Unidos durante el desempeño de sus funciones que, contrariando el sentido común y la práctica cotidiana en Latinoamérica, son propiedad del Estado norteamericano y no de los incumbentes que los recibieron. Allí vi cosas bastantes extrañas como una pala de las que se usan para cavar tumbas que le fue enviada por un simple ciudadano al presidente Lindon B. Johnson con una nota que decía: “A ver si como presidente saca valor para enterrar a los jóvenes que mueren en Vietnam ya que como ciudadano no lo tuviste para ir a pelear”. La exposición comprendía una selección de 200 regalos de los miles que recibieron esos doce presidentes que van desde Herbert Hoover hasta Bill Clinton. Rápidamente observé un patrón en los tipos de regalos que iban dirigidos a cada Presidente en específico. Por ejemplo, Ronald Reagan, que se creía vaquero, recibió botas de todas formas y de diversos colores al estilo de las que usan los vaqueros norteamericanos; así como el presidente Bill Clinton, que sin ser músico solía decir que tocaba saxofón, recibió una avalancha de figuras que simulaban ese instrumento musical que iban desde pisa corbatas y gemelos para camisas hasta saxofones profesionales hechos por los más renombrados fabricantes del mundo.

Lo anterior viene a cuento para referir una situación que se produce en nuestro país. Sin hacer esfuerzo de ninguna naturaleza, el presidente Leonel Fernández es sindicado aquí y en el extranjero como uno de los intelectuales de mayor fuste que haya tenido la República Dominicana, probablemente en todos los tiempos. Algunos paniaguados suyos van más lejos y afirman que Fernández enaltece al país por su amplia sapiencia intelectual. Para ser justo Fernández nunca ha pregonado eso (ni hace alarde como tal), pero tampoco ha aclarado esa situación bastante engorrosa, aunque ya aquí esa mal creencia dio pie a que esos mismos sujetos encontraran ocasión para llevarlo como miembro de número de la Academia de la Lengua, lo que del todo no se ha cumplido por falta del discurso de ingreso del beneficiario. La producción intelectual de Fernández es muy menguada, por no decir inexistente. Como sabemos que a los presidentes no se les puede contar los discursos (escritos por ayudantes) en su fardo de producción intelectual lo que queda de él es paja. De hecho desde que asumió la presidencia en el 1996 Fernández no ha producido nada que valga la pena. Algo así como si estar en el poder se traduce en una maldición que seca la musa que alimenta el intelecto. Él no está solo en este caso. El Ministro de Cultura de ocho años (récord nacional) José Rafael Lantigua es un ejemplo a poner. Antes de instalarse en su poltrona de jefe de la cultura oficial del gobierno (él se cree que del país) había descollado como ensayista. Una excelente biografía de Moreno Jimenes del año 1976, un texto sobre Duarte del 1985 titulado Duarte en el ideal y un provocativo ensayo del 1994 titulado La conjura del tiempo. Memorias del hombre dominicano, lo confirman, además de mantener por veinte años la sección “Biblioteca” de comentarios de libros que hoy día se mantiene como la mejor sección de esa naturaleza que haya publicado el periodismo dominicano e incluso fue tocado por la musa de la poesía cuando en el 2003 publicó el libro Los júbilos íntimos. Después vino el año 2004 con su catapultación como pontífice de la cultura oficial y san se acabó. Hay que señalar que en ese periodo los paniaguados a los que me referí anteriormente graciosamente le llevaron a la Academia de la Lengua.

Pero el caso de la fama de intelectual del presidente Fernández es un poco inexplicable, para no decir raro o misterioso. Si yo pongo en el buscador de libros de la biblioteca Funglode, una biblioteca propiedad del ciudadano Fernández y que en pocos años se ha convertido en la mejor del país (superior a la Biblioteca Nacional, que lleva cinco años cerrada) y que compite con las mejores bibliotecas de los Estados Unidos, aparece Leonel Fernández listado con un solo libro: Las reformas constitucionales en Latinoamérica y el Caribe. Experiencias y perspectivas (Santo Domingo, Comisión Ejecutiva para la Reforma Constitucional, 2008). Esto es un caso extraño, pues cuando se hace lo mismo en cualquiera de las bibliotecas universitarias dominicanas (o en las norteamericanas también) aparecen referencias de otras obras. Se sabe que al menos Fernández tiene tres libros publicados: El delito de opinión pública. Papel de la ideología en el derecho de la información (Santo Domingo, Editora de la UASD, 1979) una versión corregida de su tesis de abogado del año 1978 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con una segunda edición, actualiza y ampliada, que apareció con el título El Delito de Opinión Pública. Censura, ideología y libertad de expresión (Santo Domingo, Funglode, 2011); su segundo libro fue Los Estados Unidos en el Caribe. De la guerra fría al plan Reagan (Santo Domingo, Editora Alfa y Omega, 1984) y el tercero fue Raíces de un poder usurpado. Radiografía del proceso electoral dominicano de 1990 (Santo Domingo, Editora Alfa & Omega, 1991) un análisis crítico del proceso electoral de 1990 que hurtó la victoria a Juan Bosch en favor de Joaquín Balaguer. Estos dos últimos libros corresponden al periodo antinorteamericano del peledé del cual Fernández fue Secretario de Asuntos Internacionales y de Prensa así como Director de la revista Política, Teoría y Acción, posiciones estas en las que tomó partido defendiendo postulados muy distantes hoy de la mesura que debe exhibir un presidente. Quizás eso explica la notoria ausencia de su nombre en los anaqueles de Funglode.

A pesar de que es muy fácil de comprobar su interrumpida trayectoria como escritor, a todas luces distante de su mentor principal Joaquín Balaguer y de su otro mentor Juan Bosch, el dominicano insiste en considerarlo intelectual y como tal lo trata. De ahí que Leonel Fernández sea el presidente que ha recibido más regalos de libros en toda la historia de la República Dominicana, así como Reagan recibió botas de vaqueros y Clinton saxofones. El sábado pasado estuve trabajando en la biblioteca de Funglode y vi en el recibidor unas treinta cajas de cartón, debidamente etiquetadas con la leyenda “Libros del Palacio Nacional”, que obviamente contenían libros que el presidente no alcanza a leer y los manda para la biblioteca de Funglode. Pero hay algo más. Un rápido chequeo de los libros dominicanos que se encuentran en los anaqueles del segundo piso de esa biblioteca comprueba la gran cantidad que proceden del Palacio Nacional o que están dedicados al Presidente Fernández. Al consultarlos y leer las dedicatorias me llamó poderosamente la atención lo vanidoso que es el intelectual dominicano en sentido general. El contenido de lo que se escribe en las dedicatorias de estos libros es antologable por la desfachatez de las cosas que ahí se dicen. Al presidente Fernández se le trata de colega (cuando el escritor es abogado), intelectual, amigo o compañero. El abanico de los escritores que le han dedicado libros es variopinto. Los hay desde peledeístas (que son los menos, pues claro, son pocos los que escriben) hasta perredeístas, pasando por comunistas, masones, artistas, poetas, cómicos, y por supuesto, “muchos intelectuales”. Son dedicatorias melosas que resaltan las dotes de intelectual del Presidente y sus desvelos en la conducción del país; o se le comunica que comparten con él lo expuesto en el libro por ser él un gran conocedor del tema que trata. Algunas veces se le recuerdan cosas del pasado, se le dice cómo anda el presente o se le vaticina como va a ser el futuro. Eso sí, todo escrito en lenguaje pomposo y grandilocuente común entre intelectuales, sobre todo entre los que no lo son.

Particularmente nunca he dedicado un libro ni a Leonel ni a ningún otro Presidente, lo que tampoco tengo en agenda hacer en el futuro. Haciendo una búsqueda de libros en la biblioteca de Funglode noté que tienen catorce entradas sobre Orlando Inoa pero no tienen mis últimos dos libros: Diccionario de dominicanismos y Biografía de Juan Pablo Duarte. Me extrañó mucho, pues esa biblioteca está muy al día en la bibliografía dominicana que se produce fuera del país. Se sabe que Funglode envía personal especializado a las más importantes ferias del mundo (la de Frankfurt y Guadalajara, para mencionar las dos más grandes) a surtir sus anaqueles, e incluso en algunos viajes presidenciales se aprovecha la oportunidad para esos fines, amén de que el Presidente es muy diligente para hacerse retratar en librerías extranjeras. Más sin embargo los libros de editoras dominicanas no encuentran el camino hacia la biblioteca de Funglode (doy testimonio de que más del 75% de los casi 300 títulos que ha publicado Letra Gráfica en los últimos doce años no están allí, excepto, por supuesto, los que llegaron al Palacio Nacional dedicados por sus autores, o entraron a la biblioteca de Funglode en las partidas de colecciones privadas que esa institución ha adquirido por compra). Tal vez la respuesta a esto es que se está a la espera de que estos libros lleguen autografiados por sus autores. Me imagino que para esto están confiando en el inefable envanecimiento de los intelectuales dominicanos.
http://buenalectura.wordpress.com/2012/02/29/envanecimientos-de-intelectuales/#more-5871

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