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Tesoros robados
Fernando Ureña Rib es un cuentista nato. En su labor literaria no se ha podido zafar del cuento. Es posible que algunos especialistas y lectores consumados no hayan puesto toda la atención que merece Ureña Rib como escritor debido a su pasado de maestro de la pintura dominicana, que lo es, de manera que no nos cansaremos de decir que estamos ante un con una doble cualidad extraordinaria, el de la amplia y excelente trayectoria plástica y el escritor que unánimemente tendrá que ser reconocido como cuentista por excelencia. Hemos recogido de su página de Facebook el texto que ofrecemos a continuación:
En el compartimento, sentadas frente a mí, hay dos señoras en su plenitud que conversan animadamente. El tren se desplaza a la velocidad del vértigo, al igual que las manos y los labios de estas elegantes mujeres, que se mueven sin que alcance a comprender una sola palabra de su absorbente charla. El idioma, probablemente eslavo, es un inaccesible muro. Se ríen, se mueven con el vaivén del tren y me ignoran, cosa que me permite especular sobre el asunto que tratarían tan joviales amigas:
- Ya no me reconozco al espejo. No soy aquella codiciada muñeca por quien se peleaban los varones de nuestra juventud.
- Mi batalla era igual. Aunque ya dejé de preocuparme y mirarme al espejo de esa forma. Me asustaba.
- Trato de ver el reflejo de aquella niña de ojos verdes que fui una vez y armada con lápices y cremas me voy redibujando, rehaciéndome minuciosamente, tratando de recuperar con maquillaje lo que el tiempo y la vida me robó.
- No hables de robar. Eras tú quien terminaba quitándome los novios.
- De nada valió. Al poco tiempo volvían a ti, que les cocinabas y les atendías a cuerpo de rey. Los hombres, como peces, caen por la boca.
- Quizás haya sido inútil nuestro afán.
- Lo único que podemos hacer es sacar provecho a lo que tenemos. A lo ganado con los años. Mis pequeños trabajos frente al espejo son premiados con miradas voraces de señores deseosos.
- Mi verdadero premio son los hijos.
- Me pregunto si vale la pena tanto sacrificio.
- En mi caso sí. Las reuniones familiares los fines de semana son mi ritual.
- La maternidad ha transformado nuestros cuerpos.
- Por mucho que te esfuerces en parecer hermosa, los hombres no harán más que contemplar con anhelo a las más jóvenes.
- Los hombres me tratan como un bien desechable, y yo los trato igual.
- No seas dramática, ni te hagas la víctima, que muchas ventajas les has sacado y mucho te los has gozado.
- Necesitamos alguna forma de compensación.
- -Los hijos son el verdadero objeto de nuestras devociones.
- Los amantes, diría yo.
- ¡Qué incordio! Nunca abandonarás esas coqueterías y frivolidades femeninas.
- Vamos, levántate, deja de filosofar. Hemos llegado a la estación y es hora de compensar y gastar el dinero de los hombres, quienes nos robaron tesoros de belleza y juventud.
El tren se detiene frente a unas arcadas y las damas corren hasta ser tragadas en las oscuras fauces de un enorme centro comercial.
FERNANDO UREÑA RIB

