Me hala de la manga y me susurra: «Ese se va a tirar. ¿Qué hacemos?»


Los rostros berlineses
de Fernando Ureña Rib,
óleo sobre lienzo






















El susto
cuento

Fernando Ureña Rib

Es cerca del mediodía. Laura, Julián y yo esperamos el tren veloz hacia la Friedrichstrasse.  No muy lejos, en el andén, se tambalea un joven de unos 24 años. Aunque tan joven, parece decepcionado de la vida. El rostro enrojecido, magullado, el pelo desarreglado, las manos en los bolsillos y el cuerpo balanceándose hacia adelante. Laura advierte en él señales de depresión grave. Me hala de la manga y me susurra: «Ese se va a tirar. ¿Qué hacemos?»  En efecto, el joven se movía intranquilo, balbuceaba, daba traspiés, hacía círculos cortos. Le vi sacar las manos de los bolsillos, temblorosas. Laura dice «A la hija de un amigo le pasó que estaba esperando el tren y alguien saltó al vacío y se mató. Por suerte ocurrió en el andén opuesto, aunque de todas maneras es una memoria traumática».

«Traumático debió haber sido el golpe». Le digo en broma. Julián hala a Laura: «No mires hacia él, que se acerca ya el tren a toda marcha». Laura cerró los ojos, apretándolos.  El tren frenó con un chirrido irritante que nos mordió los nervios. Hubo un silencio que fue interrumpido por la voz en los altoparlantes. Las puertas se abrieron. Julián y yo entramos a Laura empujándola por los brazos.  Ya dentro, y aún ansiosa, Laura abrió los ojos.  El joven estaba en el tren, a poca distancia, dando vueltas en círculo. Las manos seguían temblándole pero su rostro había palidecido.

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