viernes, 13 de abril de 2012

Con “La Traviata”, de Verdi, concluye la temporada 2011-2012

Jimmy Hungría




















La última ópera de la temporada                

por Jimmy Hungría
 
Con “La Traviata”, de Verdi, concluye la temporada 2011-2012 de transmisiones de óperas de The Metropolitan Opera House de Nueva York, para ser vistas en cines de 54 países, con imagen HD y sonido digital, incluyendo en Santo Domingo el cine Acrópolis, donde podremos disfrutar dicha ópera, transmitida en vivo y tiempo real, este sábado 14 de abril a la 1:00 de la tarde, al precio de novecientos pesos (RD$900). Además, tendrá una retransmisión (grabada) el miércoles 18 de abril, a las 7:00 de la noche, en Fine Arts Novo Centro. Sobre “La Traviata”, la página web de The Met nos dice lo siguiente:

"PRIMER ACTO. Violetta Valéry sabe que va a morir pronto, consumida por su agitada vida de cortesana. En una fiesta, le presentan a Alfredo Germont, quien hace tiempo la admira. Se comenta que él se informa a diario sobre el estado de salud de Violeta. A los invitados les divierte tal actitud, aparentemente ingenua y emotiva, y le piden a Alfredo que haga un brindis. Él brinda por el amor verdadero y Violetta responde alabando la libertad del amor (Ensamble: "“Libiamo ne’ lieti calici”). La honestidad y la candidez de Alfredo la emocionan. De repente, se siente débil y los invitados se retiran. Sólo Alfredo se queda con ella y le declara su amor (Dúo: "Un dì felice"). Violeta le responde que no hay lugar para tales sentimientos en su vida, pero le da una camelia, pidiéndole que regrese cuando la flor se marchite. Él entiende que la verá al día siguiente. A solas, Violetta se siente afligida por sus emociones en conflicto— no quiere abandonar su estilo de vida, pero al mismo tiempo siente que Alfredo ha despertado su deseo de ser amada verdaderamente (“Ah, fors’è lui… Sempre libera”). 

SEGUNDO ACTO. Violetta ha escogido vivir con Alfredo, y juntos disfrutan de su amor en el campo, lejos de la sociedad (“De 'miei bollenti spiriti”). Cuando Alfredo descubre que eso sólo es posible porque Violetta ha puesto sus propiedades a la venta, inmediatamente se va a París para conseguir dinero. Violetta ha recibido una invitación para un baile de máscaras, pero ya no le interesan tales distracciones. En ausencia de Alfredo, su padre, Giorgio Germont, visita a Violetta. Le exige que se separe de su hijo porque la relación amenaza la inminente boda de su hija (Dúo: “Pura siccome un angelo”). Pero al transcurrir la conversación, Germont percibe que Violetta no está detrás del dinero de su hijo, y que ella es una mujer que ama desinteresadamente. Él apela a la generosidad de espíritu de Violetta y le explica que, desde el punto de vista burgués, su relación con Alfredo no tiene futuro. Violetta acaba cediendo y acepta abandonar a Alfredo para siempre. Solamente después de su muerte deberá él enterarse de porqué ella volvió a su vida pasada. Ella acepta la invitación para el baile y escribe una carta de despedida para su amante. Alfredo vuelve y, mientras está leyendo la carta, su padre llega para consolarlo (“Di Provenza”). Pero los recuerdos de un hogar y una familia feliz no impiden que un Alfredo furioso y celoso desee venganza por la aparente traición de Violetta. 

En el baile de máscaras, corre la noticia de la separación de Violetta y Alfredo. Hay bailes grotescos y de mal gusto, ridiculizando al amante engañado. Mientras tanto, llegan Violetta y su nuevo amante, el Barón Douphol. Alfredo y el barón disputan en la mesa de juego y Alfredo gana una fortuna: suerte en el juego, infortunio en el amor. Cuando todos parten, Alfredo confronta a Violetta, quien afirma estar verdaderamente enamorada del Barón. Encolerizado, Alfredo pide que los invitados sean sus testigos y declara que no le debe nada a Violetta. Le arroja el dinero que ha ganado. Giorgio Germont, al presenciar la escena, reprende a su hijo por su comportamiento. El barón desafía a su rival a un duelo. 

TERCER ACTO. Violetta está muriendo. El último amigo que le queda, el doctor Grenvil, sabe que sólo le quedan unas pocas horas de vida. El padre de Alfredo le ha escrito a Violetta informándole que su hijo no fue herido en el duelo. Lleno de remordimiento, le ha contado a Alfredo sobre el sacrificio de Violetta. Alfredo quiere reunirse con ella lo antes posible. Violetta tiene miedo de que él llegue demasiado tarde (“Addio, del passato”). Afuera, se oyen sones de celebraciones desenfrenadas, mientras Violetta agoniza. Finalmente llega Alfredo y el reencuentro llena a Violetta de una euforia final (Dúo: “Parigi, o cara”). Retornan su energía y su exuberante alegría de vivir. Tanto la tristeza como el sufrimiento parecen haber desaparecido, una última ilusión antes de la llegada de la muerte".