martes, 28 de agosto de 2012

A los que fueron vendidos en mercados negreros...

César Sánchez Beras





















Una de estas tardes...

César Sánchez Beras

Uno de estos días, ocurra lo que ocurra, quiero que les cursen una invitación a unos viejos amigos. Inviten al convite a Luís Palés Matos, que venga por «La Encendida Calle Antillana», con su Tun Tun de Pasa y Grifería. Que deje su Viejo San Juan y que se siente a la mesa en una hora innombrable para la historia de los nuevos mandingas.

Por favor inviten a Manuel Del Cabral, que venga con su «Negro sin nada en la casa», con su profecía del Presidente de color, que se aproxime a nuestro guateque, con su «Trópico picapedrerero» y que diga a voz en cuello: «Cantan los cocolos bajos los cocales, cantos que retuercen vientres de alquitrán, y entre los corpiños tiemblan cocos negros, que a los cocolitos vida blanca dan…”; que venga Nadal Walcot, con su paisajismo del cololo sideral, que venga Norberto James, que salga de la aulas de las universidades de Boston, y nos venga a hablar de sus Emigrantes. Que vengan todos, Prudy Ferdinand con su trompeta con arpegios de negritud y de armonía, que venga Primo, con los Guloyas de San Pedro, que vengan con melodías de coco y pan casero, con atabales y membráfonos del Congo. Díganle a Nicolás Guillen que una tarde de estas será la cita, que entonaremos más alto que el Empire State, sus Cantos Para Soldados y Sones Para Turistas, díganle a Guillen que hablaremos en la jerga del Sóngoro Cosongo, hasta que América escuche el Son Entero. Háblenle a Tousainte L”Overture, que se entere que Haití, no está tan solo, que aun Pedro Mir está gritando en cróele su Dominí. Háblenle al viejo Bob de la hora luminosa que se acerca, para que nos cante en su inglés del bueno un Bufaflo Soldier por los ausentes.

Díganselo a todos los que se quedaron en el camino hacia América, a los que fueron vendidos en mercados negreros, a los que tienen y a los que han perdido la marca de los dueños de los apellidos. Díganselo, que ocurra lo que ocurra, cualquier tarde, uno de los nuestros a pesar del silencio de la iniquidad, estará hablando por todos nosotros. Y sobre todo díganle a Neruda que tiene la razón, que...

«... luego de sufrir tantas miserias
y de cortar hasta morir la caña
y de cuidar los cerdos en el bosque
y de cargar las piedras más pesadas
y de lavar pirámides de ropa
y de subir cargados las escalas
y de parir sin nadie en el camino
y no tener ni plato ni cuchara
y de cobrar más palos que salario
y de sufrir la venta de la hermana
y de moler harina todo un siglo
y de comer un día a la semana
y de correr como un caballo siempre
repartiendo cajones de alpargatas,
manejando la escoba y el serrucho,
y cavando caminos y montañas,
acostarse cansados con la muerte,
y vivir otra vez cada mañana
cantando como nadie cantaría,
bailando con el cuerpo y con el alma...»

Díganle a todos ellos que sus raíces anuncian las flores que vendrán.
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