martes, 25 de septiembre de 2012

Ella no puede vivir sino estrechamente

Clodomiro Moquete





















Estrecheces
Cuento

Clodomiro Moquete

Quien lleva la pobreza material en la conducta se condena a vivir en la pobreza, en la estrechez. Le sucede a mi mujer. Mi hijo Pável y yo sufrimos las consecuencias. En una acasión vivíamos en Los Mina, en un rancho que se iba de lado. Llegaba a la llave de agua un chorrito del importante líquido. Mi mujer se condenó a sí misma, para siempre, al chorrito de agua. Luego de aquella vivienda nos mudamos a otra y a otra y a otra, con la suerte de que en la última, donde vivimos actualmente, hay agua abundante en tubería. Pero cuando voy a la cocina encuentro la llave despojándose de un chorrito de agua. Abro la llave para que mi mujer vea la abundancia. Ella la cierra y deja caer el chorrito.

Sucede lo mismo con la planta física de la casa. La cocina está separada de la sala-comedor por un patio. Con lo de los ladrones hay que tener puertas de hierro. Por la noche, antes de acostarnos a dormir, cierro con candados las puertas de hierro. Por la mañana, tras levantarme, abro los candados de las puertas de hierro. Si acaso voy a la esquina a por algo, cuando regreso encuentro cerradas las puertas que abrí. Así, para ir de la sala-comedor a la cocina, hay que pasar por los aposentos, estrechándonos. La casa es ancha y la estrechamos. Le digo que la casa es amplia, que no es estrecha. Le pido que se acostumbre a caminar libremente por el patio interior con jardinería, para ir de la sala a la cocina. Como si me respondiera escucho y veo en la cocina el chorrito de agua de la llave.

Ella no puede vivir sino estrechamente. Así se educó, así se casó con su marido, así tuvo a su hijo. Su problema también es virtud. Mi mujer es estrecha.