viernes, 9 de noviembre de 2012

E N T R E V I S T A

Enrique Eussebio













Enrique Eusebio

Sólo defiendo la poesía 
política cuando es capaz 
de decir su historicidad

En 1999 llamé por teléfono a Enrique Eusebio para recordarle que no habíamos hecho la entrevista pendiente para la revista Vetas, y para referirle el propósito de publicar mi libro, «Cada Uno Dios, Entrevistas a Cuarenta Poetas Dominicanos». Aquella selección de cuarenta poetas, entrevistados, era antológica. Enrique no podía quedar fuera. Acordamos que le prepararía un cuestionario que él respondería sin pérdida de tiempo y así hicimos. La entrevista no se publicó en la revista Vetas, como las demás, pero sí fue incluida en el libro, que circuló al año siguiente, en 2000. Ahora que él ha partido y su nombre perdura en la inmortalidad he decidido publicar la entrevista en la Agenda Cultural Diaria, sin más. Aquí está.
Clodomiro Moquete

No te niego que hasta el 1980, participé aisladamente en algunos concursos y obtuve algunas menciones que nunca reclamé. Y que he sido jurado de concursos habiendo experimentado la presión de los participantes, quienes prácticamente te exigen el otorgamiento del galardón... Es así el asunto.

Enrique Eusebio (Santo Domingo, 1948), poeta de la generación de postguerra. Fundador del Grupo La Antorcha. Es profesor de letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Ha publicado “Desde la presencia del mar hasta el centro de la vida” (1973), «Escritos críticos»: Lectura de un ejercicio (1977) “Poetas con Nicaragua” (Antología, 1978), “Consignas & Sub-versiones” (1980), “Ruletarios” (1982), “El formalismo ruso, la primera escuela de crítica textual en Rusia” (1986).



Clodomiro Moquete.- Estamos destinados a que los poetas en el país sean generacionales. Me gustaría saber ¿cómo surgiste?, ¿cuál es tu generación?

Enrique Eusebio.- Cierto, es una suerte de baldón que arropa a todos los poetas del mundo, incluso si no se habla de generación, se hablará de grupo, círculo, etcétera. Y esto tiene su razón, no  porque Ortega y Gasset lo haya teorizado y precisado Julián Marías; en Inglaterra hubo los «jóvenes iracundos». Es un asunto que tiene que ver con un criterio clasificatorio; querámoslo o no apunta hacia una decisión organizacional, y es necesaria; todos los poetas no pueden meterse en una sola funda... Sencillamente por el hecho de que cada cierto tiempo surge una «promoción» que desdice, con el fin de buscar espacio, a la inmediatamente anterior... Es un rejuego, muy parecido al accionar de ciertos políticos: Siempre niegan el pasado y el presente, pero prometen un futuro que sólo existe en sus cabezas llenas de propagandas y promesas... Los poetas surgentes piensan que harán la poética que no se hizo antes y de inmediato comienzan a probar y a desdecir de los otros, porque sólo así logran un cierto equilibrio emocional. Después de todo, nada, repiten los patrones anteriores y les introducen (a veces) ciertas  modificaciones, se auxilian de la filosofía, de la poética, de cualquier cosa, pues tienen la obligación de hacer algo diferente, sobre todo en la actitud, ya que en el discurso, en el texto expuesto a la crítica (salvo contadas excepciones),  muestran sus benevolencias influencionales... Y es lógico: ¿quién parte de cero? Nosotros, mi generación, aceptamos y asumimos la escritura de potsguerra en una etapa muy joven, enfrentamos el discurrir histórico que para ese momento era más importante que el discurso poético (como lo interpretamos ahora). Al menos fuimos auténticos, ya que luego, cuando debimos dejarlo e incluso conjurarlo, procedimos.... Nunca abjuramos de nuestro pasado, porque autentificar nuestro ser presente conllevaba la inteligente aceptabilidad de «ser en el tiempo»... Al fin de cuentas, la inteligencia vence a la pasantía...
 
Te digo esto, pero sé que puedo intercalar muchas opiniones y ejemplos y esta entrevista podría ser la infinitud del parlar entreverado y circularmente nato y redivivo cada vez que la voz se niegue o se afirme... El discurso no tiene límite, la palabra sí, siempre y cuando se la morfematice, se la escriba o diga, se la contextualice, y por ende, en una arbitrariedad aparentemente sin sentido, se la deja sola... ser capricho de los parlantes... El poeta nunca debe permitir esta ocurrencia. Su deber es asumir los modelos (las escrituras, como  la «sagrada biblia», «El Quijote...») y subvertirlos... Todo está dicho bajo el sol, entonces: dígalo de una manera distinta.... Eso es todo... El decir poético es redundante (A. Greimas), y contradictorio, se dice y desdice  en una sola estrofa e incluso en una sola línea o palabra... (Cf. Elliot, «Canción de Amor de A. P.» ). Honestamente para mí escribir es jugar, ejercicio lúdico donde las palabras no tienen freno ni identidad conocida o habida... Ellas son... la principalía de todo acto o hecho históricamente documentable... Son ellas las que dicen cuando comencé a escribir y a qué generación pertenezco...
 
¡Datos! Comencé a escribir de manera pública (como todos los de mi promoción o generación) después de la guerra de abril de 1965. Fundamos el grupo La Antorcha y adoptamos criterios estrictos respecto a qué debía publicarse o no. Después de ser leído cualquier texto y aceptado, para ser  publicado requería ser sellado con el logo del grupo... Éramos parte de la promoción o generación de postguerra, que luego adoptó el nombre de «La Joven Poesía Dominicana», simplemente porque durante ese tiempo («Los Doce Años de Balaguer»), fuimos muy reprimidos, cercados y amenazados y nos identificábamos con el palpitar colectivo... Hacíamos recitales en cualquier lugar de la República y el público era solidario, aun siendo analfabeto, medianamente instruido o admirante de la poesía...
 
Oye, es por eso que nuestra promoción o generación, como quieran llamarla, está fuera de los cánones convencionales... ¡Arriesgábamos la vida convencidos de un ritual propiciatorio donde la  palabra-voz calaba en la mente y el sentimiento de quienes aceptaban ese discurso como una redención y una esperanza...! Eso fue asombroso y se internalizó mucho en nosotros... Comprendimos, en esa etapa, la necesidad de debernos a los demás, al pueblo que se abarrotaba para escucharnos... Fuimos una generación específica y distinta...

Se ha producido todo un debate sobre la calidad de la poesía social dominicana de los años sesenta, enfrentada abiertamente por los de la generación de los ochenta. Me gustaría saber si defiendes la poesía combativa y social de los sesenta.

De la calidad de esa poesía se puede despotricar con cierta dosis beneficiaria, sobre todo la que publicábamos en los suplementos,  por una sencilla razón, te dije que para ese entonces, no sin ignorarlo, creíamos que la «poesía era un arma cargada de futuro», que el decir poético podía modificar la situación de injusticia en que vivíamos, complacíamos un impulso inmediato, pero a sabiendas de que esa no era la poesía auténtica que debíamos hacer, eran muestras estridentes, testimonios del estar viviendo en el presente y tan así es que cuando publicamos los primeros textos algunos se desdijeron: Norberto James publicó «Sobre la marcha» y dijo: «Vamos construyendo el canto/ articulando lentamente/ los pesados peldaños de nuestra sangre», en plena testimonialidad potguererra, pero luego, en el mismo libro, se lamenta: «Te marchaste precisamente cuando me aprendía tu/ voz/ el calor de tus manos en mi frente/ de hombre abatido por la angustia...» Desdice el sentido en pocas páginas, pasa del combatiente al sujeto amoroso y angustiado...  Luego socialmente inscribe «Los inmigrantes», en ese mismo libro, como pasión ordenada de datar sus raíces, no por razones políticas, sino sociales... Es un ejemplo... Otro, el del Alexis Gómez que publicó en «Oficio de Postmuerte» un poema titulado Señor Presidente, bastante jocoso y político, pero todos saben que ese no es su modo de hacer poesía. En mi caso, mi primer libro «Desde la presencia del mar, hasta el centro de la vida», no es poesía política. Sí la hice y publiqué en suplementos y revistas como «Che Estandarte», «Revolución», etc... Pero acontece en nuestro país la existencia de una ignorancia exageradamente analfabeta, porque se arrastra entre el negar y el no saber. Se carece totalmente de formación  y se emula la sapiencia con poses y citas anodinas... Y peor aún, se imitan modelos de crítica asumiendo el discurso del otro (o del ocasional magíster de turno) y entonces se habla por boca de ganso. Y lo más escatológico de todo es que pontifican y como su discurso es aceptable, jóvenes imberbes siguen la corriente y aun desconociendo la teoría intentan metodologizar un discurso inasible, a penas alcanzan a lexicar ciertos conceptos que escuchan o leen y esto ha sido tan grave que ciertos sujetos «establecidos» en el decir crítico repitieron esa «novedad». Puedes inventariar a todos esos poetas que desdicen la información sin formación... Es lo más barato y común, como si estuvieran vendiendo «chazos»... Creo que es más inteligente hablar en tercera persona... Admitir y aceptar el texto en su contexto y asumir cualquier actitud crítica a partir del texto en sí mismo... Claro, sabiendo que hay una historia de la crítica que posibilita innúmeras lecturas y juicios... Con esto te ilustro que no ha habido una real polémica ni confrontación con los del ochenta... Sólo amagos ininsuflados... Ellos han asumido su discurso epocal y a mí me ha parecido bien; espero que logren ser los mejores...
 
En síntesis, sólo defiendo la poesía política cuando es capaz de decir su historicidad, en el momento en que se ubica en el hoy y testimonia su decir con un soporte formal válido.    

He leído asombrado a especialistas extranjeros que dicen que la poesía dominicana no se ha podido librar precisamente del lastre de lo social. Dime cómo valoras tú la calidad de la poesía dominicana de las últimas décadas, incluso la actual.

Bueno, creo que te refieres a una opinión publicada el año pasado... Sí, ahí se  trata ese asunto, pero cualquier lector medianamente inteligente advierte que la antología apunta a un desdecir de la carencia de información, por consiguiente de la desinformación. Habitualmente las «antologías» de ese tipo se hacen para editoriales que pagan un material aparentemente amplio en la muestra, pero que no tiene que coincidir con la realidad... Es un trabajo, una tesis, o cualquier cosa que ocurra... Conocen algunos nombres y sus libros y generalizan, esto es más fácil que la investigación exhaustiva. Para mí, su decir, reducirnos, es una muestra total de dejadez investigativa o si quieres, superficial y fácil, quizás porque somos una media isla caribeña... Pero la realidad es muy diferente:  Tenemos a un Zacarías Espinal, jitanjáforo, primero que Alfonso Reyes descubriera al cubano Mariano Brull, y al gran Virgil Díaz, quien primero trasladó y dio a conocer la vanguardia francesa de principios de siglos con el vedrinismo, cuando América Latina aún no despertaba del modernismo y del tremendo  impacto de Rubén Darío... Y otro antecedente: Alfonseca con su Oda  a un Yo... en el versolibrismo...
 
Por esto, cuando me hablas de especialistas extranjeros, regurgito: extranjeros son, pero no especialistas... ¿Acaso pueden inadvertir la presencia de un texto tan extraordinariamente significativo en la poesía latinoamericana como Yelidá de Tomás Hernández Franco? ¿Y Franklin Mieses Burgos? Acaso podemos permitir que esos señores nos marginen en el olvido o nos reduzcan a un simple diletantismo poético social? Vamos, y qué de nosotros, de nuestra pequeña pero sólida integración de los recursos vanguardistas, a veces en primerísimo orden... El asunto no es fácil: la poesía dominicana ha tenido cara a cara la modernidad, mucho más allá de lo que hemos podido advertir y ha desempeñado su rol... Sí, lo que nos ha faltado es la promoción internacional, en sentido general... Hay muchos poetas latinoamericanos de medianía, inferiores a un Franklyn  Mieses Burgos o  a un Manuel Rueda, entre muchos otros, que son famosos, valorados y editoriables... Pero como poetas, en el  darnos a valer, hemos sido ilusos hasta en el acto de ser, de nombrarnos y decirnos: hemos sido pusilánimes y satisfechos en regodearnos en el ovillo de nuestro acerico. ¡En la insularidad y próspera mar batiente!
 
Y aún más, aunque no tenemos un Octavio Paz, sí un Pedro Henríquez Ureña; es decir, un cierto equilibrio latinoamericano digno de tenerse en cuenta. También una muy buena tradición poética, sin tener que entrar en los detalles que aquí no puedo hacerte... Es decir citando y comparando modelos...
 
Por otra parte te digo: Nosotros somos los principales enemigos de nosotros mismos... ¿Qué hacemos para que esto sea diferente? NADA, ni de manera privada ni estatal... Sólo un poeta de nuestra promoción se ha preocupado por mantenerse on-line: Alexis Gómez, solamente él, esto es que si a otro, habitualmente de una generación anterior, se lo cita a su lado, es simplemente porque ha sido cómplice. Pero eso tiene mérito y valor inconmensurables... Indefectiblemente admiro ese accionar de Alexis... Él ha antepuesto el buen vivir social y económico, al boulevard sinuoso y espontaneísta del caro instante, del resumen del presupuesto familiar y del devenir de los pesos... ¡Loa al poeta, porque esto cuesta! Y él ha decidido pagar ese precio y ¡Vale! Sobre todo porque muchos otros han sido embajadores y ni siquiera se han preocupado por hacer un actito, una cochitica para alardear y justificar su función de proyección de la literatura de su país...

No he leído la antología de Manuel Rueda publicada después de su muerte, pero me consta que fuiste incluido por él en la anterior publicada, la de dos siglos... ¿Qué opinas sobre las antologías?

Mira, la segunda antología es una fotocopia exacta de la primera, con un título modificado: «Antología Mayor de la Poesía Dominicana», en dos tomos naturalmente. Para mí, un intento de ganancia editorial de Corripio. Incluso Alexis Gómez y yo, en conversación previa a la asistencia al acto, pensamos que en la medida de estar incluidos en esas páginas, ellos tenían el deber y la obligación de entregarnos un ejemplar, por la simpleza de estar usando nuestros derechos de autor, pero nada, brindaron un buen vino e hicieron caso omiso de la autoría de autor, es decir, asumieron la piratería como derecho, porque piensan que la inclusión de textos de un poeta en un libro es un honor, un halago, un reconocimiento y hasta una distinción para el sujeto escribiente... ¡Qué cosa! Así se piensa en nuestro paisaje... Sin embargo, las traducciones francesas de Claude Couffon, definitivamente más significativas e importantes a todos nos llegaron. ¡Claro, por respeto europeo! Moraleja: los dominicanos nos hacen un favor; los extranjeros nos distinguen! Absurda paradoja de la globalización.
 
Con relación a esta antología como a todas las otras, son en muchas  ocasiones «antogologías», selecciones personales de lecturas, en ocasiones basadas en ciertos criterios o puntos de vista, se incluye y excluye, se ignora o se actúa de mala fe... A mí esto no me quita el sueño... Si alguien me excluye pienso siempre que otro lector más inteligente e investigador lo hará...

Sería bueno que los lectores de Vetas sepan qué estás haciendo actualmente, ¿a qué te dedicas?

Primero, me dedico a sobrevivir, esto es, a trabajar hasta más no poder para mantener a la familia. Segundo: Para compensar lo anterior, sigo haciendo lo que he sabido hacer durante todo mi vida: enseñar, ser docente... y picotear haciendo trabajo de corrección de estilo y diseño gráfico, pero con no muy buen entusiasmo: En nuestro país este trabajo especializado se paga muy mal. Por ejemplo: Yo le construyo o reconstruyo un texto a quien no sabe escribir y apenas paga una chilata. Actualmente sólo lo hago por compromiso de igualas o a quien me pague lo que vale el trabajo. Exploté con un sujeto que ni siquiera sabía lo que quería decir y yo tenía que interpretarlo... Cada párrafo me consumía, en las mayorías de las ocasiones, cuatro o  seis horas de una noche; estallé... Llegué al pleno convencimiento de que le escribía el libro que nunca podría escribir, porque era yo quien lo hacía y dije no. Entendí que no podía vender mi escritura por unos pocos pesos...
 
Tercero: ¿Qué hago a nivel literario? De hecho es la pregunta. Para mí en primer lugar está lo que he realizado. Por ejemplo, cuando publiqué «Consignas & Subversiones», me enfrasqué en un trabajo muy serio y lo digo en el prólogo, pero al parecer no me entendieron o no supe decir lo que quería. Hice un libro para lectores cómplices, capaces de asumir la escritura con ejercicio y profesionalidad. Me di el lujo de jugar con el lenguaje poético, decirlo y desdecirlo, construirlo y desconstruirlo, rejugar con el sentido y la significancia hasta agotar casi las posibilidades heurísticas lectorales, entendí que era una madurez del discurso poético que reclamaba un entendimiento y comprensión de la historicidad de la voz... Y aunque parezca mentira, los críticos con formaciones tradicionales lo entendieron, y lo valoraron como tal; pero los otros, los «vanguardistas» hicieron caso omiso, en el sentido de ignorarlo o silenciarlo... NUNCA FUERON CAPACES DE EMITIR PÚBLICAMENTE UN JUICIO’. A soto voce, fueron capaces de opinar desdiciendo el discurso que nunca entendieron... Honestamente, eso me molestó bastante... Pero me indignó más que fueron capaces de emitir opiniones sobre un texto que no  comprendieron, porque no fueron capaces de asumir la propuesta de lectura que yo le enrostraba, una lectura cómplice, decididamente participativa e interactiva; les ofertaba símbolos, señalizaciones de lecturas, subversiones del decir y la escritura con la benevolencia de que les ofertaba los mecanismos para decodificar el código encodificado por mí. Lo ignoraron, sobre todo, por la admisión de que alguien hiciera algo raro, diferente... Si no, que hoy sean capaces de asumir ese texto y criticarlo con honestidad e identificar los defectos o las incapacidades en el decir o en el experimentar las formas como rejuego de un sujeto equivocado... Eso nunca se dará.
 
Por eso, después que entendí que el asunto era así, no sentí que mis brazos estuvieran caídos, al contrario, decidí llegar más lejos, y entre poemas y poemas, concebí una máquina para hacerlos: EL RULETARIO, a partir de una concepción de la gramática  transformacional generativa; convencido de que la estructura profunda nunca dice totalmente la estructura superficial, sino que la simula, la encauza; acomodaticiamente la presenta como un dictado de «conciencia momentánea», sin subvertir la lengua. De este «texto» (definido por mí como «CIRCUN-SCRIPCIÓN) apenas se prepararon diez ejemplares hechos totalmente de manera artesanal, porque económicamente era excesivamente costosa su impresión; hoy por hoy, creo que nunca podrá publicarse y te explico: es una suerte de ruletas sobrepuestas, cada una tiene su especificidad, se las rota (como en un juego de casino, guardando las diferencias,  pues te estoy hablando de uso de la lengua), usted prueba su suerte y se arriesga a perder o ganar, e. g. obtendrá lo que usted es capaz de entender y admitir como válido desde su marco referencial. Para que te hagas una idea te transcribiré una apuesta, la consigna general es: «Atreverse a jugar, es arriesgarse a perder»:
(N.B.: Los signos de puntuación deben ser colocados por los lectores, ellos deben buscar el sentido escritural, tienen que hacer su lectura). Va: AMANTES (Núcleo temático XVIII, resultado de la rotación: 36/32/17 

ROTACIÓN: 36/32/17/

amantes rejuegan
                            sublevándose
                                                 estivales
      aguas explosivas perecen
renacen crepitan enverdecidas
devástanse en el aire de hollín
               descubren
gestuales               esclarecen orígenes
                                              trazas lacerantes
inhabitadas
                  carbones humanizan deseos
a insultos    nocturnales
                                     lentamente
insurrectas raíces
                      días de cólera
obnubiladas presencias
                                       negruscas
                                                 totales horizontes
                                                                            crepusculares
aisladas
               audaces
                              sueños caen
                                                  otoñales al desgaire anonadantes
vislumbrándose gurgitantes simientes
                                                           como hilachas
por mandato

vecinas  se  ofrecen
          impositivas  se  dejan
en hojarascas
                    en arrebato        enardecidas
temerosas    cómplices
                                   en  el  suelo
          a pesar        son  amantes
sangran agitadas
surgen juguetonas
                             principios
a contracorriente      escultóricas
                                        vibrantes reflejos
recuerdos
               guerras enturbiándose
                                                  movimientos
a tientas
               votivas
resaltando  sus rasgos
         juegos  irradiantes   se toman
instituyéndose moribundas
          hechas
                    creciendo
                                    bordas
exultantes  destellan          se   pierden
decisivamente impulsadas     agónicas
espejeantes               en flujos         relumbran

desafiantes     impostergables   al alba
       irascibles
                     batiéndose
                                      nacientes
a poco   abatidas
                             espacios


Esta es una simple apuesta, al azar, resultado de una rotación. (Las posibilidades de textos diferentes son más de 5 mil). Por mi parte, como escritor (y naturalmente el lector, también) tengo varias posibilidades con este texto específico:
1- Lo acepto o rehago de acuerdo a mis «informaciones» morfosintácticas.
2- Me guío por mi ritmo interior y recoloco los sintagmas donde más me convengan.
3- Me decido por un «sentido» del decir acorde con mis principios o mi acomodamiento.
4- Lo utilizo como leitmotiv, elijo las palabras que quiera y construyo el poema que deseo.
5- También puedo padronizar cualquier poema de cualquier poeta  y no te cito ejemplo, por el simple hecho de no molestar a ciertos poetas que se sentirían muy mal si yo le rejuego su escritura y le muestro su sintaxis y su ritmo... Su apuesta ruletaria.
6- ETC... Lo que se me ocurra...
 
Con esto te quiero decir que las posibilidades son cuasi infinitas. De hecho, cuando lo concebí lo pensé como «un universal», «un poema total y definitivo», y te confieso que en cierto modo lo es, porque puedo modificarlo a mi antojo, adaptarlo a estilos diferentes, a concepciones disímiles del decir poético o de la escritura en boga, incluso puedo emplearlo para copiar estilos o voces... Pero no lo he hecho ni lo haré... Se lo dejo a todos aquellos que crean en el lema: «Atreverse a jugar, es arriesgarse a perder».
 
Por eso, luego escribí el libro: «Espejos del Instante/Instantes Rotos», del cual Alexis Gómez publicó una muestra en la antología que hizo para la revista española-vasca «Zurgai», supongo que tú debes conocerla, se difundió medianamente en el país, como siempre suele darse a conocer la poesía. Y esa «escritura» para mí es muy importante: es un discurso contra cierta práctica de crítica, esa que provenga de donde provenga asocie lo explícito a lo implícito, el sentido al ritmo per se, el acurrucamiento sensual y personal a sus latidos, etc... Hay un verso que lo define casi todo: «Entre tu decir y mi sentir/ retengo lo que nunca podrás entender...» . De hecho, soy un sujeto que prepiensa lo que escribe y posteriormente lo repiensa, porque la escritura no es para ahora mismo; es por eso que no vivo pensando en publicar. Estoy claro en esto, lo que publico, además de ser una inversión costosa, es un regalo para los lectores y yo no tengo dinero para regalar, así de sencillo. Pero para información, te digo que luego, de lo citado, escribí «País de Hojalata» y trabajo en un texto excesivamente alocado, totalmente fonético, para entenderlo yo le exijo al sujeto lector aprender una nueva lengua, la que propongo... ¡Imagínate!, en un medio como el nuestro, ¿a quién le interesa someterse a una exigencia tan abrumadora? Bueno, la postmuerte lo dirá.
   Entre una cosa y otra, hago libros de poemas sobre cualquir cosa que se me ocurra, por ejemplo, de doy un  ejemplo:

INTENCIONALIDAD PATIBULARIA DEL DECIR
                         
Por Enrique Eusebio

Arden en mis dedos voces de noches no concluidas;
escarnios que dejo a tejedores sígnicos deseosos de
agobiarse en la ancha mar de los ditirambos imposibles;
después de estas letras, las sinletras, la bondad colérica
que asume el descalabro total de las premoniciones.
Dicha pues la intencionalidad patibularia del decir,
la desdibujo y glótica hago mi voz y dadora de
simbología la  tuya; podrás retorcer «mi esquina
rosada», «mis laberintos» de abarrotes y memoriales,
deshaceres de quien despierta «como si se sacudiera
el agua del sueño», y dice la otra parte de tu vida
«que tú misma no tienes». Olor del tigre. Azar de
rayuela que atina en el indefectible abismo de la caída;
luego el sueño torpe porque no se sabe; las letras puestas,
ahora fósil del predecir y lo dicho; condenación
inconmensurable del disentimiento; voz de agua;
decir revuelto que se asesina cuando las aguas enloquecen
y sus meandros son la voluntad de otros; a pesar de que el ojo mira,
revierte, sustituye, desmonta y construye su historia en el arco
inefable de su propio indecir.

Para el poeta legítimo la poesía es una sombra de la que no puede prescindir. ¿Qué has hecho en ese sentido en los últimos años y qué podemos esperar en lo inmediato?

Para mí es más que una sombra que me ovilla y adormece. Es un ser sujeto histórico moldeado por una visión de la vida y del ser actuante. Ver para decir, en el momento que se juzgue oportuno o necesario. Y me siento bien, a pesar de que no estoy en el medio, leyendo en cada reunión, ni sonriéndole a cada quien... Sinceramente desearía que mi poesía sea postmuerte... Algo que si vale, bien; si no, también. Para el efecto no he hecho gran cosa, lamentablemente soy un sujeto muy orgulloso y tímido también; no oferto nada, si alguien lo quiere que lo intente. Si la transacción vale la pena... pues negociamos. Es todo.
 
En ensayo, además de «Escritos Críticos»: Lectura de un Ejercicio, sobre el libro de Diógenes Céspedes, que le causó bastante roñas, aunque mi intención no fue zaherirlo, sino ubicarme en la contextualidad crítica que él mismo propiciaba.... Y esto fue toda una historia que no puedo incluirla lamentablemente aquí... Otros textos son: «Críticas de la voz, de la palabra y del silencio», una especie de ubicar los decires (o el corportamiento de la crítica en nuestro país), y finalmente «Subdesarrollo del pensar y del decir» y «Crítica de la lectura».  El primero alude a ese discurrir de pensar que somos el  globo, cuando apenas interpretamos, o de manera más precisa, recogemos sobras que nos desdicen, porque  jamás accesamos el desarrollo, o en términos simples, adoptamos una actitud mundialista o globalizante, pero no respondemos como ciudadanos que hacen el discurso histórico, no nos ubicamos al nivel de lo que decimos... Esta es una contextualidad teórica que sólo puedo referírtela.

Supongo que estás conectado a la globalización. Quiero saber tu opinión sobre la aldea global y como los dominicanos debemos defender nuestra identidad.

Haces una pregunta dual: «capicúa», y expreso esto porque para mí una cosa es la globalización y otra muy diferente la identidad nacional o regional. Lo primero, la globalización, no es algo inventado por nosotros, es una realidad mundial que existe independientemente de que querásmolo o no, cuya base inicial e identificable es el mercado, justamente lo que condujo a Mark y Engels a la creación de la plataforma marxista, naturalmente con sus diferencias, porque ahora tenemos un ingrediente adicional: el poder de la comunicación que se traduce en el Internet. Siempre recuerdo a A. S., cuando escribió en la «La dialéctica de lo concreto»: el individuo siempre redefine su status social a partir de la visión que tenga de su mundo en su momento histórico, porque el mundo es cambiante como las teorías también. Esto es, que un individuo, de la generación que sea, que no esté actualizado, es un desastre. Y el concepto de globalización implica estar al día, mucho más, estar al minuto. No lo teníamos en cuenta, pero sobrevivir  en este mundo significa tener el orden de valores en todos los hemisferios. Pero sé que hiciste la pregunta en relación con la poesía y la literatura y trataré de especificarte algunas cosas: considero que siempre entre los poetas ha existido, quizás más que en otro sector, el deseo de estar actualizado, saber qué hacían los poetas franceses, los norteamericanos, etc... Simplemente porque estar al margen de la producción mundial implicaba un desfase, sobre todo a partir de los principios del siglo anterior y eso era una suerte de  mundialización, porque el fin era lograr una intercomunicación, al menos, conceptual. En el presente, penosamente, se intenta prever la globalización como una cesión y sumisión al mercado internacional, pero creo que antes de pensar de este modo hay  que pensar en los europeos, pioneros en este asunto y es conveniente tenerlos en cuenta, porque en Europa ningún país ha perdido su identidad... Yo particularmente voy más lejos, ¿acaso existe una teoría o un modo de escribir exclusivamente nacional, independiente, sin influencia alguna? Definitivamente NO, en ninguna área del conocimiento. Sólo entendiendo esto podemos comprender que Rubén Darío como Borges influenciaran a los europeos, y autores europeos y norteamericanos influyeron en la poética latinoamericana. A mí entender, esté equivocado o no, en literatura, como expresó Yuri Tinianov, los préstamos de una literatura a otra son necesidades contextuales y epocales y la identidad nacional sólo tiene sentido en la medida en que cualquier literatura se desarrolle y sea capaz de devolverle  a la otra el préstamo en sentido magnificado; esto es, después de haberse nutrido, debe ser capaz de nutrir a su prestataria.... Es mucho lo que se puede dilucidar acerca del tema... pero creo que este espacio no es el adecuado.

Eres un artista sereno y poco bulloso, quizá a eso se deba que no se te vea con la estridencia de otros de tu generación o época. Por ejemplo, en este momento no recuerdo verte asociado a los concursos literarios. Pregunto si tienes alguna experiencia sobre ese asunto y tu opinión.

En cierto modo, sí. Después de la mitad de los ochenta como que medio me cansé de ese estar siempre en el medio. Para entonces había concluido la etapa de la revista «Scriptura», la que constituyó para mí una suerte de concretización de algunos sueños, por ejemplo hacer una revista literaria con cierta calidad y, sobre todo, capaz de internacionalizarse. En ella colaboran Eduardo Galeano, Saúl Yurkievich, Emilio Díaz Varcárcel, Juan Liscano, Guillermo Morón, Luis Cartañá, Manuel Puig y muchos otros desde distintos lugares del mundo. Para ese tiempo yo andaba con cámara en ristre y grabadora en la mano. Aprovechaba cualquier acontecimiento y lo hacía parte del periodismo literario. Pero como acontece a menudo, falla el soporte, ya que además de buscar y seleccionar el material, tenía que participar en su diseño, luego en su distribución y venta, con la agravante de que no percibía un solo centavo por esto. Es muy similar a la labor realizada por ti con Vetas, pero has llegado bien lejos, pues contra viento y marea, llevas ya siete años y 52 números, toda una proeza.
 
En lo que respecta a los concursos literarios, te seré franco, no creo en ellos. Ya en 1981 escribía en el editorial de «Scriptura», No.4, titulado «El parricidio o el ocaso del poder sobre la literatura», lo siguiente: «Se sabe que quien domina o controla los medios de comunicación, posee el poder sobre la literatura. Es quien decide, dictamina, concede o niega premios, fabrica escritores o los resalta por encima de los otros, independientemente del valor literario que la producción del artista pueda tener. Se constituye, con bastón y birrete, en primus inter pares (el primero entre sus iguales). Ostenta, y él lo sabe conscientemente, el dominio del feudo de la cultura». Esto te da una idea de cómo pienso, aunque para esa época habían unos gendarmes celosos y decididos a imponer su dictamen. No te niego que hasta el 1980, participé aisladamente en algunos concursos y obtuve algunas menciones que nunca reclamé. Y que he sido jurado de concursos habiendo experimentado la presión de los participantes, quienes prácticamente te exigen el otorgamiento del galardón... Es así el asunto.

Me gustaría saber cómo valoras en sentido general la literatura dominicana.

La literatura dominicana ha tenido y tiene obras muy importantes y escasos autores, es decir, textos que sobreviven y son muestras significativas y competitivas a nivel internacional. Te citaré un caso: «Yelidá», de Tomás Hernández Franco. Pero también hay autores auténticos que han logrado premios y reconocimientos a nivel internacional. Lo que acontece, a mi modo de ver, es que nuestra literatura carece de ecos y nosotros mismos somos en gran medida responsables, pues dado el hecho de que no existe un organismo estatal consolidado, ejemplo una Secretaría de Cultura, quienes tienen la posibilidad de darla a conocer, no se preocupan en lo más absoluto. Sólo sujetos individuales tienen esa preocupación, ya te cité el caso de Alexis Gómez... Nuestra literatura tendría mejor posicionamiento si estuviera una plataforma estatal sólida y de parte de los escritores existiera el sentido de compartir y contribuir con su difusión. Actualmente el libro se mercadea, se lo ubica en el mercado global, hay representantes literarios que deben ser atraídos hacia nuestro entorno. Un ejemplo, a modo de pregunta: ¿quién tiene más rating a nivel internacional: Julia Álvarez o Marcio Veloz Maggiolo? (Naturalmente teniendo en cuenta que son dos excelentes autores) Pues, Julia Álvarez, porque accesó un medio de mayor proyección. Con esto te quiero significar que aunque poseamos una literatura buena, capaz de ocasionar grandes sorpresas, recuérdese el caso de Pedro Vergés, o el de Junot Díaz, no tiene definitivamente una base promocional.