miércoles, 28 de noviembre de 2012

Fundador del Movimiento Literario Efluvismo

Virgilio López Azuán





















Heridas
Poema

Virgilio López Azuán


Nota del poeta: Esta poema fue publicado alguna vez... 
Lo saqué de la web y un amigo me ha pedido que lo vuelva a colgar...


Mujer que se va

A Miguel Hernández, Poeta Español, en el centenario de su nacimiento.
(30 de 0ctubre 1910 – 30 de octubre 2010)


Heridas que todos los días nos llueven, a cántaros por segundo, heridas que mueren con besos nocturnos. Heridas que se esconden en toques y cantos, en la risa y el llanto, en  el verde claro y en los campos. Heridas que filtran la sangre  y la llenan olivas, y se cuelgan nostalgias como prendas divinas. Heridas inolvidables, cicatrices púrpuras en los murales del alma. Heridos estamos todos y nos duelen los sentidos en esta orilla. Heridas de rosas decapitadas, sin los sermones y los padrenuestros. Heridas leves y profundas. Heridas que salen disparadas en las líneas de la carne, heridas que son nuestras y nada más, sirviéndose fieras atormentadas. Heridas escapadas, que nos tocan y rasgan guitarras en puertas calladas. Heridas, tantas heridas locas de muertes, sin voces pero con ecos, sin estrellas pero con noches yertas. Heridas que trepan y cuelgan de las campanas, de la arista del cielo, de la leche y de la nada. Heridas enteras, sin restas ni quebrados, sin divisiones y sin casa, que a la vuelta de las manos nos descubren las espaldas. Heridas sin cama y sin almohadas, sin los insomnios quemados en las pijamas. Heridas impiadosas, termitas y pirañas, que duelen duelen cuando sus dedos clavan. Heridas sin oro, sin canciones de guitarra, que atrapan los huesos y nos muerden como caña. Heridas que hieren los dedos y los sentidos, los senos y los hilos, el amor de esas muchachas. Heridas que corren, sangre abajo, mordiéndole alegrías a las manzanas. Heridas de fuegos de estos barrios, de estos altares, de estos instantes que amargan. Heridas oscuras, blancas heridas que vuelven y matan encima de las camas, debajo de las mesas, que halan las bufandas. Heridas en las primaveras, en el torrente de hiel, en todos los inviernos. Heridas en las bocas, en las calles y en los infiernos. Heridas calladas, reveladas violetas con mudez de piedras, con cartas en las manos para aguarnos las fiestas.