lunes, 14 de enero de 2013

Cuatro poemas excelentes

















Cesar Sánchez Beras

El consagrado poeta dominicano prestigia con mucha frecuencia la red Facebook colocando en su «muro» poemas, algunas veces textos ya conocidos y editados en sus libros y otras veces creaciones nuevas. No será por confundir pero algunas veces el vate, como ayer, coloca varios poemas y no les pone data o fecha de la creación, a ninguno, salvo la nota en que se aclara la fecha en que los coloca, en este caso el día de ayer. Así que disfrutemos, sin son poemas ya conocidos como sin son nuevos tienen como quiera una gran ventaja: son muy buenos todos y hay que leer. 
Clomo


Oda al barrio

Cual sensual vendimia del bolero-son,
o caribe fuga que en la voz desgarra,
del mágico fondo de cualquier guitarra,
la alegría y el odio se vuelven canción.
Cual resquicio amargo que alguna traición,
salvó del olvido con cualquier quimera,
se subleva un duende de la vellonera,
para abrirse paso con su diapasón.
La muerte bendice la púrpura boca,
que disfraza el beso que la pasión toca,
sobre el caderamen de alguna mulata.
Mientras desde el fondo de la misma noche,
se oyen los acordes que tiran del coche,
del dolor de pobre de alguna bachata...


Amor a la medida

Bórdame un traje nuevo con tu boca de aguja,
quítame estos hilvanes de tristezas que tengo,
estira con tu piel esta piel que se estruja,
zúrceme a besos puros, ponme un sensual remiendo.
Cóseme un cuello único que tenga tus caricias
y puntada a puntada descóseme este miedo,
abre un ojal inmenso por donde entre tu risa,
deshilacha estas ansias que nacen desde el ruedo.
Dobla, corta, remata mi sueño descosido,
esta pasión maltrecha quiere ser tu vestido,
un escote por donde se fugue la ternura...
Y después que termine este raro diseño,
sobre tu piel desnuda colocará el ensueño
el vestido inefable que sueña tu figura.


El vuelo

Yo quise como el otro edificarme un ala,
desmontar viejos mitos, negarme y ser distinto.
Yo quise como el otro, escuchar al instinto,
con su máscara azul que en la sangre se instala.
Yo quise, como el otro, trastocar el destino,
abrir todas las puertas que la certeza cierra,
dejar de ser raíz, olvidar que la tierra,
es un rumor lejano de aquel barro divino.
Pero yo, como el otro, en mi viaje a la nada,
me veo en el espejo con el ala prestada,
sabiendo que soy único. Que no existe otro cielo...
Porque un Ícaro eterno al asombro me invita,
a coserme las alas de la noche infinita.
A incendiarme en la angustia de quemarme en el vuelo.


La tristeza del Inca

Acuclillado y triste al borde de la acera,
los turistas contemplan su rostro estoico y serio.
Reducida al escombro la mano que tuviera,
el cayado del Inca, el poder del imperio.
Mira un gran edificio levantarse imponente,
y ve achicarse el mundo de su mundo pequeño.
Quien domara la roca y al oro refulgente,
hoy ve pasar su vida cual si fuera un mal sueño.
Ayer hijo del sol, hoy hijo del ultraje.
Fue señor del desierto y de la primavera,
rubricando la piedra con sus lejanas huellas...
Acuclillado espera al final de su viaje,
aunque sólo le quede del imperio que hiciera
un grano de maíz empolvado de estrellas.