jueves, 17 de enero de 2013

Pero el de hoy me pareció distinto
















Fernando Ureña Rib

El loco del tren

Hoy un loco se apareció en el tren. No es raro. Casi todos los días entra alguien trastornado y repite algún discurso que le quedó suspendido en el torbellino de su mente. Pero el de hoy me pareció distinto. Era un hombre alto y delgado, de unos cuarenta años. Vestía bien, aunque llevaba el pelo enmarañado y la barba descuidada. Estaba airado, gritaba a todo pulmón y giraba de un lado a otro con pasos ágiles, sosteniéndose de los barrotes como un equilibrista mientras el tren serpenteaba veloz sobre sus rieles.

Algunos viajeros se miraban entre sí y arqueaban las cejas en silencio. Otros cubrían sus risas con la palma de la mano o la escondían tras sus bufandas. Frente a mí, un señor voluminoso me miraba como si esperara de mí alguna reacción. Pero desvié la mirada y escuché atentamente las palabras del loco, quien hablaba con admirable claridad.

“¡Déjenlas! ¡Ellas tienen derecho a vivir! ¡Qué vergüenza!” En cada frase el loco miraba fijamente a los pasajeros y los acusaba no sé de qué, apuntándoles furioso con el índice. Pero ellos fingían no darse por aludidos y se tornaban, indiferentes, hacia sus libros, a sus madejas de hilo o a sus teléfonos celulares. ¡Usted también es culpable! ¡Y usted!

Le llegó el turno de acercarse a mí y yo me quedé un instante hurgando sus ojos vivaces. Hubo una extraña e inmediata conexión entre nosotros y le dije en voz baja: “Tiene usted una voz poderosa.” Él hizo una pausa, se quedó mirándome en silencio, movió la cabeza y apoyándose en el barrote me dijo: “Antes era mejor. Mucho mejor. ” “¿Qué le pasó?” Pregunté. “Mi padre mató a mi mamá frente a mis ojos, cuando yo tenía once años. ¡Por celos! ¡Por celos! ¿Se lo puede imaginar?”

El hombre se apartó de mí en otro violento arranque de cólera y se perdió en el largo intestino del tren, proclamando su discurso acusatorio. “¡Déjenlas tranquilas! ¡Ellas también tienen derecho a vivir! ¡Ustedes también son culpables! ¡Asesinos! ¡Asesinos! ¡Son todos asesinos! ”
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