lunes, 7 de enero de 2013

Teóricos dicen del arte popular que es el realizado por el pueblo y para el pueblo

José Antonio Rodríguez















El choque entre lo popular
y lo clásico crea fricciones
en torno al Ministerio de cultura

Clodomiro Moquete

El arte popular y el concepto elitista de lo clásico, un tema muy complejo, crea erosión y dificultades en el desenvolvimiento del Ministerio de Cultura. El aparato burocrático instalado en el Ministerio, que se mantiene incólume debido a que el gobierno de Danilo Medina y el Partido de la Liberación Dominicana, PLD, decidieron que no se produjeran cancelaciones ni cambios en los mandos medios, quedó erizado al inicio de la actual gestión en agosto debido a que el nuevo incumbente, José Antonio Rodríguez, tiene un criterio de gerencia forjado en el ambiente popular.

Si bien se ordenó claramente que no habrían cancelaciones de funcionarios sí desde el principio se expresaron graves temores de que se produjeran cambios en las estructuras que estaban en función y en los programas que estaban en ejecución. Se expresó el temor de que se introducirían cambios en la dirección de talleres literarios, se rumoreó que la Librería de Cultura iba a ser clausurada y que la Sala de Artes Ramón Oviedo, que ha jugado un papel muy importante en la animación cultural y la exposición de artes, sería convertida en un área de servicios para los empleados. Sobre la idea de mudar la instalación de la Feria del Libro a otro parque se perdió la vocación de rumor de radio bemba cuando alguien le tomó la palabra al Ministro Rodríguez y circuló una nota sobre el tema, que luego se supo que no había sido autorizada.

Vamos al meollo de esta crónica. El señor que asumió el cargo de Ministro de Cultura a partir del día 16 de agosto tiene sus relaciones personales y profesionales en el llamado mundo de la farándula. A diferencia de Tony Raful, quien tiene el mérito de haber organizado el ente cuando era Secretaría de Estado, y quien es un reconocido poeta, un investigador de procesos históricos y un frecuentador y degustador de los entretelones elevadamente «cultos»; a diferencia de José Rafael Lantigua, que igual se pasea por esas elevadas tramas, escribe poesía «culta» y teorías literarias, además de editor por veinte años de un suplemento cultural; a diferencia de ellos dos, que lo precedieron en el mando del Ministerio de Cultura, el señor Rodríguez no tiene ínfulas ni exhibe señales de gran intelectual. Por eso al principio quisieron haberlo narigoneado y fue insultado y acusado de «inculto» en algunos medios.

El arte popular tiene mucho liderazgo y beligerancia en el país. A nivel internacional y en importantes círculos se ha debatido acerca del arte popular. Se ha planteado si no es «lo propio de las clases menos favorecidas, de bajo nivel económico y cultural»; «lo vulgar, lo que gusta a todos».

Teóricos dicen del arte popular que es el realizado por el pueblo y para el pueblo, generalmente de una manera anónima con finalidad decorativa y con materiales simples y de escaso valor material que corresponde a un pueblo y a una delimitación geográfica, pero no a un periodo histórico. «El arte popular no tiene épocas y la continuidad de formas, colores, temas y procedimientos son características propias. No se identifica la persona del autor, pero puede clasificarse por escuelas o grupos locales».

En Europa -dicen esos teóricos-, la diferencia entre arte popular y arte culto se remonta al Renacimiento cuando el artista se individualiza y crea obras de arte para el consumo de particulares. Por ese entonces el arte estaba destinado a pequeñas minorías, a los sectores de la alta sociedad y dueños del poder. Ellos eran los clientes potenciales del arte, que se concretaba con la pintura de caballete, el culto a la personalidad del artista -quien firma sus obras y las individualiza-, y en el coleccionismo. Ese artista no es el popular.

Pero evidentemente se discrimina cuando se habla de arte popular y de arte «culto», que por las múltiples definiciones de cultura que son manoseadas el arte popular es también arte culto.

¿Qué más identifica al arte popular? Los mismiticos teóficos, que no identificamos, dicen que «al arte popular también se le conoce como artesanía porque es gusto por lo ornamental y comercial. «Arte realizado por el pueblo y para el pueblo, generalmente de una manera anónima con finalidad decorativa y con materiales simples y de escaso valor material».

Si por su práctica, concepción cultural y su ejecutoria de artista José Antonio Rodríguez es un artista popular, ¿no está habilitado para dirigir el Ministerio de Cultura? Pero además, ¿el aparato administrativo y las políticas culturales del Ministerio de Cultura abarcan el espectro del arte popular?

Pedro Vergés
Por lo que se sabe, el encuentro de intelectuales que se llevó a cabo el día 26 de enero por el grupo Alianza Cultural con Danilo, dirigido por el escritor Pedro Vergés, y que llegó a la conclusión de reiterar su apoyo al gobierno y al presidente de la República, «por encima de superficialidades», evidentemente era una manifestación para que se hiciera notoria la existencia de disidentes en el sector cultural, pues mientras esos intelectuales son parte de la « élite», jamás del sector popular, su evidente adversario sí es un representante de dicho sector popular.

Todo lo anterior debe originar un debate urgente. Mientras tanto recordemos un antecedente e informemos algo que sucedió en diciembre pasado.

El antecedente. En 1998 el señor Víctor Víctor era presidente del Consejo Presidencial de Cultura, organismo creado por el entonces presidente Leonel Fernández con el objetivo de crear las condiciones para la aprobación de la ley que crearía luego la Secretaría de Estado de Cultura. En la navidad de ese año de 1998 el señor Víctor Víctor, artista proveniente del arte popular, tomó la decisión de contratar decenas de conjuntos populares y bachateros para amenizar bailes en sectores populares de distintas comunidades. Argumentó Víctor Víctor que los conjuntos populares y los bachateros eran parte de la cultura. Gastaría entonces en eso centenares de miles de pesos.

En diciembre se informó a la Agenda Cultural que el Ministerio de Cultura tenía el propósito de patrocinar unas 40 fiestas de navidad con combos, conjuntos y artistas populares pero que no pudo proceder debido a que el gobierno prohibió el financiamiento de fiestas en las distintas dependencias estatales.

Lo que sí se sabe es que alrededor de 40 fiestas populares fueron organizadas, se llevaron a cabo. El periodista Rafael Ovalles, subdirector de comunicaciones de la Presidencia, confirmó al diario El Día que a través del Ministerio de Cultura  los grupos musicales de bachata, merengue, baladistas y  urbanos  serían contratados por el Gobierno para realizar actividades en todos los pueblos del país y barrios de la capital. No habló del monto que invertirían.

En la Agenda Cultural proponemos que se realice un debate acerca de la participación del sector popular en el Ministerio de Cultura. Como también adelantamos el criterio de que a un artista popular no se le debe cuestionar como para negarle el derecho de dirigir el Ministerio de Cultura.

De hecho en el Ministerio hay un Viceministerio de Creatividad y Participación Popular. Podría ser que la estructura no esté a tono con la visión de lo popular que tienen las actuales autoridades, aunque en verdad ellos aparecen con frecuencia reunidos como un grupo que a lo interno del Ministerio puede tener influencia en el ministro Rodríguez. Tal el caso de Víctor Víctor, a quien se le ve de vez en vez, y el artista y diputado Manuel Jiménez, quien preside la Sociedad General de Autores y Compositores (SGACEDOM) y parece ser uno de los allegados de José Antonio Rodríguez.